Bielsa, ese desconocido

por Guillermo Gasparini

Bien lo definió Marcelo Bielsa, tras el empate con Paraguay, en Buenos Aires: una cosa fueron los 15 puntos logrados en los primeros 5 partidos, y otra muy distinta la actitud que se toma ante la segunda fase de las eliminatorias, con 1 punto sobre 6 disputados. No sólo cambia la cara del entrenador, sino también la del público y los periodistas. Por todos lados surgen encuestas, predicciones, deseos de cambios. No es cuestión de doblarle el brazo a Bielsa; se trata de convencerlo ( vía diarios, canales de televisión, radios, cadenas de mails ) que tiene que realizar cambios en el equipo argentino. Cambios de nombres y, con ellos, de planteo de juego.

  Si algo ha caracterizado a este director técnico muy poco conocido en la Argentina es su perseverancia en los objetivos y sistemas que se fija. Como no ha conducido a equipos grandes - Boca y River, fundamentalmente - y sus pasos anteriores se han desarrollado en Newell's, Vélez y equipos mexicanos, el gran público no lo identifica. Por ende, no lo encasilla. Como no es amigo de hablar con los periodistas en charlas distendidas y personales - sólo se comunica a través de conferencias de prensa - tiene muy pocos amigos en los medios y muchos críticos que, mayormente, desconocen sus propuestas. A diferencia de sus antecesores, Bielsa no suele trabajar en todo el campo con sus jugadores, sino que lo hace por sectores. Rara vez organiza partidos de entrenamiento al sentido tradicional. Entrena con bloques - la defensa, los volantes por derecha, los volantes por izquierda, los delanteros de punta, los extremos - y hace repetir maniobras hasta la exasperación. Para él existen las funciones, y adapta las calidades de los jugadores a esas funciones. Sus videos son cortos - no tan extensos como los que mostraba Carlos Bilardo -, extractos de buenas y malas jugadas. Su trabajo es paciente, riguroso, pero difícil de advertir desde afuera.

  Se suman las anécdotas sobre estos métodos. Hay periodistas que van a los entrenamientos munidos de largavistas, porque las cosas se desarrollan a mas de 100 metros de sus ubicaciones; ese es el límite que marca el entrenador. Es difícil juzgar a todo el equipo completo en un entrenamiento, porque es raro que se junte en una misma práctica. Y para anticipar la conformación que se utilizará para un partido, hay que jugar a las adivinanzas, viendo como trabajan los sectores. Sectores que Bielsa divide con cintas, desplegadas personalmente a lo largo de todo el terreno de juego. Y sanciona una infracción cada vez que un jugador sale del cuadrado que le fue estipulado.

  En la intimidad, algunos jugadores dicen que mucho les cuesta adaptarse a estos métodos. Que Bielsa les pide repetidamente que ataquen, pero a veces los reta porque no defienden adecuadamente. Pero que los resultados los van convenciendo y, a la larga, eso es lo que quiere la mayoría de los futbolistas: ganar partidos para ganar dinero y reconocimiento popular.

  A juzgar por los resultados, Bielsa plasmó un estilo para este equipo albiceleste, líder de las Eliminatorias sudamericanas. Que a veces funcionó mejor que otras, pero que es efectivo. Juega con tres defensores, un volante de marca, dos carrileros, un enganche, dos extremos laterales y un punta. Eligió a los hombres que desarrollaran estas funciones y no cambia, salvo lesiones y suspensiones. A Gustavo López trata de hacerlo jugar de Claudio López, aunque sus velocidades sean distintas. Sorín debe jugar de Cristian González, Crespo de Batistuta, Verón debe hacer el esfuerzo de parecerse a Zanetti, aunque los despliegues de ambos no sean similares. Si en algún momento se le cruza por la cabeza hacer entrar a Gallardo y a Saviola juntos, dice que esto provocaría una descompensación. Y nada hay peor que la descompensación en un esquema tan cerrado y determinado.

  Los críticos recelan de la línea de 3 y piden una de 4, tradicional. No creen en un volante de marca improvisado como Simeone, y piden soluciones convencionales: Almeyda, Redondo, Astrada, hasta el joven Cambiasso. Y algunos solicitan que sean dos los encargados de esa función, como hacen, por ejemplo, los italianos. No quieren punteros que desborden, como pide Bielsa, y ansían volver a los dos enganches: Gallardo o Aimar junto a Verón. En definitiva: dicen respetar a Bielsa, pero exigen el regreso inmediato al modelo conocido. No los convence el vértigo europeo, de presión permanente en campo contrario, que ha impuesto el entrenador. Extrañan la pausa del toque conocido, aunque ésta no sea una garantía absoluta de éxito. No quieren el desborde y centro que reclama obsesivamente el conductor; piden que se entre tocando por el medio, como siempre, y que haya más remates de media distancia.

  Olvidan, en sus planteos, que cada maestrito tiene su librito. En qué se parece esto que propone Bielsa con lo que hacía practicar Bilardo? Qué tiene que ver esta Argentina con las propuestas tradicionales de Menotti? Es igual este planteo ofensivo con lo que pedía Basile? Aun siendo los mismos jugadores, se parece este equipo al que planteaba Passarella? Con todos estos directores técnicos, Argentina ha ganado y perdido, gozado y sufrido, festejado o lamentado. A todos se les dio tiempo y oportunidades. Cada uno colocó su impronta en el rendimiento general. Cada uno fue caprichoso cuando sus convicciones no coincidieron con el gran público y demagógico cuando se dejó llevar por el reclamo. Sólo unos pocos y en momentos excepcionales, pudieron satisfacer a todos cuando surgió el único grito que une y es unánime: Maradoooo, Maradoooo.... Como se oyó en el partido con Paraguay, a los 20 minutos de juego. Y Maradona ya no juega más, aunque lo quisiera.

  Hay que tenerle paciencia a Bielsa? No más que a otros. Conseguirán los que se quejan reemplazarlo mientras se completan las Eliminatorias? No es norma de la AFA cambiar de caballo a mitad del río. Por suerte, mantiene su conducta desde 1974, cualquiera sean los resultados y la calidad de las actuaciones. Fundamentalmente, como en este caso actual, porque sabe que los equipos que en algún momento llegaron a jugar y satisfacer, no se olvidan de hacerlo. Y esperar ese momento es lo que tiene de bueno este apasionante juego llamado fútbol. (18/08/00)

 


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