Caros, los mejores y "nuestros"
por Guillermo Gasparini
El fútbol argentino, bastante golpeado en la actualidad por la violencia imperante que atrapa a toda la sociedad y por el quebrantamiento económico de numerosas entidades y categorías, cada tanto se revitaliza con vitaminas surgidas de sus propias entrañas. En estos días, las millonarias ofertas que llueven sobre Gabriel Batistuta, por ejemplo, lo convierten en un hijo pródigo de todos sus compatriotas. Durante mucho tiempo se vivieron paso a paso sus goles fantásticos en la Fiorentina, mientras se afirmaba como el máximo goleador de la selección nacional. Ahora, a los 31 años, como cada temporada, pero esta vez con más fuerza, el mundo entero parece terciar por quedarse con su indomable espíritu, los florentinos lloran por la inminente ausencia y los argentinos nos congraciamos por su generoso bienestar. El éxito de un argentino en el exterior suple los errores cometidos en el frente interno y todos los medios de comunicación, sin distinción, le ofrecen amplios espacios a la noticia de la deslumbrante cotización y la inminente transferencia del delantero de la santafesina Reconquista.
Es que las novedades sobre Batistuta llegaron después de la catarata de triunfos que varios argentinos cosecharon en diversos países. Pellegrino, Claudio López, Kily González, en menor escala Fagiani y el técnico Héctor Cúper son los héroes de Valencia que definieron la Champions League frente al glorioso Real Madrid de Fernando Redondo (Bizarri y Rolando Zárate también participaron en la campaña).. Turu Flores, Scaloni y Schurrer, los que aportaron para que el Deportivo La Coruña se alzara con el primer puesto de la Liga Española. Los seleccionados Sensini, Matías Almeyda, Diego Simeone y Juan Verón son piezas importantes en el Lazio campeón de Italia. Alberto Acosta, Duscher, Facundo Quiroga y Hanuch colaboraron con goles y corridas en el inesperado título alcanzado por el Sporting de Lisboa en el torneo portugués. Marcelo Gallardo, en su primera temporada en el Mónaco francés, se convirtió en campeón y figura. Y en este caso también fue reconocida como propia la gloria lograda por David Trezeguet, aunque está nacionalizado galo; ya en 1998, cuando fue campeón mundial con Francia, también había sido reconocido por sus antiguos compatriotas.
Los nombrados son los que más suerte tuvieron en una temporada que albergó, por ejemplo en España, a 43 futbolistas argentinos. Y que en el pasado tuvo hitos tan fundamentales como los marcados por Alfredo Di Stéfano, recibido hace una semana por el rey y actor principalísimo de las primeras 5 copas europeas del Real Madrid. En épocas más recientes, Pellegrino ya fue campeón con el Barcelona, Redondo de España y Europa con el Real, Ruggeri también con los merengues. Antes, Mario Kempes. fue pieza clave del Valencia campeón. Mientras las puertas de la importación se mantuvieron y mantienen abiertas, siempre hubo, hay y habrá argentinos en los principales equipos hispanos. Justamente el Valencia de Kempes había sido reconocido en los 80 con el mismo apodo que hoy identifica al Valencia: los "ches" .
En Italia, donde la voluntad del padre llevó a Fabricio Coloccini al Milan (sustrayéndoselo a Boca Juniors), ya son 190 los jugadores de nuestra tierra que han brillado en la Liga. Sin contar los que hoy mismo están circulando por categorías menores, ya que en los últimos tiempos hasta pibes de 12 y 13 años han sido llevados a la bota europea para probar fortuna, aunque los alejaran tan tempranamente de sus hábitats infantiles. Fortuna que si ya tuvieron los que, como Simeone y compañía ahora, salieron campeones antes: Guglielminpietro con el Milan, Ramón Díaz con el Inter, Maradona con el Nápoli, Sivori con el Juventus, Angelillo y Maschio con el Inter. Italia es un exitoso mercado que abrieran, ya en la década del 30, los pioneros Monti, Orsi, Guaita y Demaría, colaborando con el título mundial que la selección azzurra alzó en 1934.
La gloria de los argentinos que triunfan en el exterior es tomada por los compatriotas casi como una recompensa nacional y propia. Hasta así lo piensan los seleccionadores nacionales, que casi siempre integran sus equipos con jugadores que actuan afuera, relegando a los que no han podido trascender las fronteras y que por ahora se siguen moviendo en el flanco interno. Lógica para una cantera que nunca deja de producir fenómenos. No importa que en muchos de los equipos nombrados también haya brasileños, por ejemplo, los otros grandes productores mundiales de futbolistas. Para los argentinos, equipo que tiene un argentino, por lo menos, dentro de sus filas, es argentino. Y en estas épocas de extranjerización absoluta de los grandes mercados - hay argentinos de Inglaterra a Rumania, de Suiza a Albania - no es raro que en cualquier sector de la vieja Europa hasta un compatriota alzando un trofeo.
Como corresponde a esta época de millonarias transferencias y remuneraciones, Batistuta puede ser el nuevo record. Superando lo que el Lazio pagará por el "Piojo" López o lo que la misma entidad romana ya abonó por la "Brujita" Verón. No importa que Ayala sea suplente en el Milan, Ortega lo imite en el Parma o que Caniggia descanse más de lo que juega en el Atalanta. Para el aficionado argentino, que siempre soñó con Europa, tener a tantos hijos pródigos ocupando tantos lugares de privilegio representa una satisfacción difícil de igualar.
Acosta, por ejemplo, ya fue antes campeón en Chile y en Japón, pero nunca logró tanta presencia en la prensa como ahora. Lo mismo vale para todos aquellos que han logrado títulos en Perú, Colombia, México o Uruguay. Lo que se consigue en Europa vale más. Y hoy por hoy muchos de los argentinos itinerantes tienen la posibilidad de ser los mejores y los más cotizados. No es poco para un pueblo que, de mucho tiempo a esta parte, vive de ajuste económico en ajuste, mientras no puede ir a los estadios por miedo a los violentos y ve como se derrumban las más gloriosas instituciones. (23/05/00).