Argentina defiende su esencia ?
por Guillermo Gasparini
Los ojos críticos de muchos especialistas coincidieron en el diagnóstico, al ver el equipo argentino en funciones ante el uruguayo, en partido que le sirvió para quedarse con el liderato de las Eliminatorias sudamericanos, con buena ventaja sobre el resto. Este equipo parece argentino?, preguntaron muchos, suponiendo que ante la fuerza, despliegue y desorden que caracterizaron al conjunto albiceleste ese día, no aparecieron - como no aparecen ya desde hace mucho tiempo - las identificaciones esenciales del futbolista de estas tierras. Solo Marcelo Gallardo, en ese momento, pareció sostener el estandarte creativo y audaz que los exégetas quieren conservar como partes fundamentales de lo que suelen calificar como escuela de fútbol argentina.
Al ver las correrías de Simeone, Sorín, Kili González, Claudio Husaín, Piojo López, aun del mismo Batistuta, aquellos advierten que ninguno de ellos representa el estilo que Argentina paseó por el mundo, llenó estadios y se convirtió en un fructífero símbolo de exportación. "Parecen jugadores europeos. Simeone es un jugador alemán, como Batistuta. Aun con el respeto que tengo por ellos, no los siento como continuación de ese sello que trazaron los Maradona, los Enrique Omar Sivori, los José Manuel Moreno", suele repetir el entrenador César Menotti. El DT de la selección nacional, Marcelo Bielsa, teórico y práctico, dijo este año que "la formación silvestre configuró a los futbolistas que admiramos", dando a entender que él es admirador de cierto tipo de futbolistas, aunque no sean de ese estilo los que coloca en la cancha. "Es que existe una incongruencia, mientras cada vez hay más gente que mira fútbol, los jugadores son cada vez peores y el juego se hace más feo". Una realidad, sin duda.
Esto hace que, al decir de Menotti, "se discuta mucho si Ortega y Aimar pueden jugar juntos, formulándose planteos que no se hacen si hay que juntar a Zanetti, Simeone, Almeyda y el Kili". Algo que se reprodujo hasta el hartazgo en los medios argentinos cuando regresó Ortega a River y el entrenador Américo Gallego se decidió por incluirlo en el mismo equipo con Aimar, Saviola y Angel. Los mismos que no entendieron esta propuesta, en pocos días transformaron sus críticas en elogios a "los cuatro magníficos". El público riverplatense aprobó la apuesta, coincidiendo con lo que alguna vez escribió el periodista Dante Panzeri: "En la historia de River transcurre la esencia de lo que conocemos como escuela del fútbol argentino". Panzeri decía que el "paladar" del hincha millonario había permitido degustar de las habilidades de los Peucelle, los Moreno, los Pedernera, los Labruna y los Sivori, entre tantos.
Sin embargo, especialmente después de la reciente consagración del Lazio como campeón de la liga italiana, con un equipo integrado por muchos argentinos, en el mercado se destacaron virtudes de los futbolistas albicelestes, distintas de las que extraña Menotti. Se dijo entonces en España y en Italia que los jugadores argentinos servían para ganar títulos por su temperamento, garra, ganas de triunfar, personalidad. Claro que en Lazio juegan Sensini, Simeone, Almeyda (hasta la temporada pasada), Crespo (desde este torneo), pero también Juan Sebastián Verón. Uno al que tanto Menotti como Bielsa, o un observador ajeno a este suelo, como Johan Cruyff, identifican como el crack con vuelo personal y prestancia, típico de aquella escuela que alababa Panzeri.
Por encima del análisis que realiza Menotti,. hay que recordar que tanto Maradona como Sívori o Moreno, por citar los hitos, fueron magníficos ejemplos de temperamento y voluntad a prueba de fracasos, no sólo estilistas superlativos. Y que la esencia argentina, en toda su historia, también estuvo conformada por los Artime, Kempes, Valdano, Grillo, Boyé. Equivalentes a los Batistuta y Crespo de hoy. Y que no todos los ejes centrales fueron Néstor Rossi o Federico Sacchi. También hubo un Antonio Rattín y hasta Reinaldo Merlo controló el medio juego del paradigmático River durante 10 años.
Quizás el estilo argentino se formó de esta mezcla: respeto por la pelota, pero sin desdeñar el esfuerzo y la prodigalidad. Quizás quien mejor redondeó ese ideal fue el gran Alfredo Di Stéfano, útil tanto en un área como en la otra. Y quizás lo que extraña Menotti es algo que más de una vez ha remarcado José Pekerman, el buceador de talentos de los seleccionados juveniles argentinos. Él dice: "Ya no es tan fácil encontrar jugadores creativos y completos como Aimar o Riquelme. Se nota que faltan. Y eso que nosotros recorremos todo el país, permanentemente". Cruyff, un "argentino" nacido en Holanda, señaló en un reciente reportaje: "Es que los chicos actuales no se criaron jugando en la calle, como nosotros".
Por encima de conclusiones sociológicos, ahora mismo, mientras un sector de crítica y público argentinos disfruta de los resultados alcanzados por encima del juego desplegado, otros se plantean proyectos de futuros equipos que seguramente Bielsa no conformará. Quieren juntar entre los 11 albicelestes a Aimar, Verón, Gallardo y Ortega. Algo que está fuera del libreto del seleccionador pero que, de todos modos, demuestra que Argentina sigue teniendo materia exportable de primera calidad. A lo mejor, no en abundancia. Pero si con el sello identificatorio, desde Redondo a Simeone, de Ibagaza a Biagini, de Esnaider a Sosa. (10/10/00)