Los exitistas y los derrotistas
por Guillermo Gasparini
El fútbol es el reino del imprevisto y no siempre (por no decir nunca) se cumplen los pronósticos. El fútbol argentino se sentía en Venezuela a la cabeza de todos, pero se estampó contra un duro escollo (el de siempre...) nada menos que en la final. De un plumazo los elogios acumulados en los cinco partidos previos se vinieron abajo por obra y gracia de un resultado. Y con la naturalidad que los nacidos en este suelo ejercen en estos casos, pasaron del exitismo al derrotismo en un santiamén. Así como Grondona pulverizó a Pekerman un año después de la caída en Alemania, así como antes los poderes mediáticos se habían deglutido a Bielsa, ahora es el turno de Basile y algunos de sus jugadores. Lo acusan de no trabajar ni de ensayar jugadas alternativas. Y se abren listas de jugadores que ya no sirven, apenas por el hecho de haber sobrepasado los 30 años: Verón, Ayala, Zanetti, Crespo y Abbondanzieri encabezan el desfile.
Para los argentinos que sintetizan como un rayo los caminos a recorrer, la única próxima meta es el Mundial 2010. Consideran que las eliminatorias deben ser un trámite, descontando una derrota lógica en territorio brasileño y un resultado regalado a los uruguayos, al final. No puede ni debe haber otro tropiezo, dirija el equipo quien lo dirija. Puede ser Basile, cómo no, aunque ya hay periodistas que critican los baños en la pileta, rodeados de familiares, que antes fueran mostrados como ejemplos de distensión y tranquilidad. No hay autocrítica posible en estas circunstancias: “Entre dos potencias, gana el que se levanta mejor”, lanza en Ezeiza el entrenador del vozarrón. El fútbol no se aprende en un restaurante”, le responden los ácidos críticos que hablan con el resultado puesto.
Nada dice el DT, ni nadie se lo recuerda, sobre que este partido tuvo un desarrollo similar al jugado un año atrás, cuando los brasileños vencieron en Londres por el mismo marcador de ahora y habían señalado un gol antes de los 15 minutos. Fue cuando debutó Basile en su segunda etapa. En aquella ocasión se dijo que los amistosos importaban poco y que no había habido tiempo de entrenar. Partido que, a su vez, también había tenido un recorrido parecido el anterior entre ambas potencias, cuando dirigía al equipo Pekerman, jugado en junio de 2005 en Francfort. Entonces, en el primer cuarto de hora los brasileños ya sumaban dos tantos. En los tres encuentros (Francfort, Londres y Maracaibo) actuaron planteles muy similares y casi los mismos jugadores (ver Argentina V y Argentina III). Esto no lo ven, por cierto, los que creen que Basile había descubierto la pólvora en Venezuela. Abbondanzieri, Riquelme, Ayala, Tevez, Cambiasso, Heinze, Messi, Mascherano, Luis González, Crespo, Zanetti, Aimar, Gabriel y Diego Milito, Palacio y Burdisso ya estaban desde antes. El único que reapareció en esta copa América fue el olvidado por Pekerman y por los que creían que sus pases largos ya no servían en el fútbol de múltiples toques impuesto alrededor de Riquelme.
Tampoco se acuerda el entrenador y muchos opinólogos que, desde el 2000 en adelante (para no irnos más lejos) Argentina siempre perdió con Brasil, a excepción de tres encuentros jugados en la cancha de River (dos por las eliminatorias y un amistoso). Algo que no deben ignorar tan tanto los que pronostican que Brasil se impondría en 9 de cada 10 choques cuanto aquellos que aseguran que sobre 10, Argentina ganaría más de la mitad.
Basile es un DT que adora el entrenamiento en cancha pero descree de las jugadas preparadas y la preocupación por el rival. Por eso en el partido de Maracaibo Riquelme lanzó 8 ó 10 tiros libres al medio del área, repetidamente para que los cabeceen los centrales brasileños, sin apostar a ninguna otra variante. Apenas Messi se paseaba alrededor del shoteador, con la esperanza de patear alguno (le tocaron dos). Nunca un pase a un costado, un cruce a otro lateral, un intento por sorprender. Los que forman el círculo aúreo del entrenador consideran un sacrilegio perder tiempo en ensayar jugadas de pelota paradas o preocuparse por averiguar los puntos fuertes y débiles del ocasional rival. En una época en la que hasta Brasil arma un esquema para aislar a Riquelme y cortar el circuito con Tevez y Messi, el concepto parece algo anticuado.
Bielsa fue tratado con desconsideración. Cuando un razonador como La Volpe señaló que Argentina impuso sus individualidades sobre México pero que no lo superó en el planteo conjunto, no le creyeron. El DT de Vélez recoge la misma desconsideración de críticos y público que se le dispensó a Bielsa. Los adoradores de Basile rechazan todo lo que tenga olor a “bilardismo”. Así como los seguidores de Bilardo rechazan todo lo que se acerque a la posición de los “menottistas”. No existe, para estos dos bandos, el término medio. Unos dicen que con Bielsa el ritmo era “vertiginoso”, otros afirman que el toqueteo es aburrido. Ensayan jugadas los mediocres, afirman unos, convencidos. No ensayar jugadas equivale a no trabajar, opinan desde la vereda contraria.
No son todos los argentinos, obviamente. Pero es lo que se advierte en cada episodio futbolístico, según se gane o se pierda. Y habrá que esperar hasta la próxima ocasión en que las fieras de un lado y del otro salgan otra vez de sus guaridas. (16/julio/2007).