Horas de fútbol

por Guillermo Gasparini

Las urgencias dominan la sociedad y así se producen descalabros en los planos futbolísticos. Todos quieren ganar siempre, sea como sea. No importa que los planteles se debiliten por las ventas, ni que los conductores técnicos permanentemente sean reemplazados al menor tropiezo. No hay planes que valgan, no hay proyectos que se puedan consolidar con tiempo y perseverancia. Y ocurre que el fútbol, como juego de conjunto, requiere de esas dos cualidades. Sin tiempo ni perseverancia, no se desarrollan a pleno las virtudes, convirtiendo promisorias capacidades en figuras consolidadas. Las presiones que caen en estos días sobre los jóvenes Andrés D´Alessandro y Carlos Tevez, por ejemplo, en River y Boca, son una acabada muestra. A ellos les exigen la madurez que no tienen, sin respetar los ciclos evolutivos lógicos en cualquier futbolista.

No nació de una mente peregrina, ni de un día para el otro, la frase aquella de que "los pibes ganan partidos y los grandes campeonatos". Para alcanzar la regularidad que hinchadas y críticos reclaman, los jóvenes necesitan horas de juego, partidos realizados, circunstancias buenas y malas pasadas. Lo repiten siempre los entrenadores de equipos seleccionados juveniles, como José Pekerman o Reinaldo Merlo: "La principal tarea del sub 20 y sub 17 es la de hacer surgir jugadores. Si al mismo tiempo se ganan títulos, bienvenidos sean. Pero esa no es la prioridad". Y no es casual, además, que los mismos grupos que se consagran a los 17 o a los 20 años, no lleguen todos al mismo tiempo a la cima: las maduraciones son distintas, como las evoluciones.

Equipos actuales como Newell´s o Vélez Sarsfield pretenden estabilizarse en línea ascendente con planteles que apenas superan los 20 años, con escasas excepciones. Y lo único que logran es deambular con irregularidad, mezclando algunas notables exhibiciones con rotundos fracasos. Los hinchas se preguntan: "¿Cómo pueden jugar tan mal los mismos que el domingo pasado jugaron tan bien?". Y es que los chicos no sólo no son máquinas, sino que tampoco han aprendido a manejar a su favor todas las situaciones. Horas de juego significan saber cuando atacar, por donde hacerlo, cuando llegó el momento de hacer correr la pelota, cuando el de llevar las acciones al lado derecho de la defensa contraria y muchas circunstancias más del partido. Eso se aprende jugando muchos partidos, agregando horas de juego en el primer nivel a las capacidades innatas que se traen desde la cuna.

Ningún maestro puede enseñar todo el repertorio de golpe ni a través de repetición de videos. Es una carga conceptual que se va almacenando de a poco, después de pasar por las más diversas pruebas. A D´Alessandro y a Tevez les piden "que se pongan el equipo al hombro", sin saber si pueden hacerlo. Vélez es manejado por un enganche de 17 años, Patricio Pérez, que en algunos encuentros se turna con Leandro Gracián, de 20. Newell´s es equilibrado desde el centro del terreno por un volante de 20 años, Leonardo Ponzio, y adelante sufre las intermitencias - apagones y encendidos entre partidos o aun en el mismo encuentro – por un delantero de 21, Mauro Rosales.

A principios de este Apertura, cuando Rosario Central ganaba algunos partidos, César Menotti recordaba:"Tenemos buenos proyectos de muy buenos jugadores. Pero que necesitan tiempo para desarrollarse. Esa es la realidad de este club, que necesita sumar puntos con un plantel que aun debe jugar dos o tres campeonatos con futbolistas que requieren acostumbrarse a las exigencias de la primera división. Así hizo Independiente al reforzarse, así lo hacen los clubes europeos, que sólo quieren jugadores hechos. No es lo mismo llevarse ahora a Cambiasso, después que jugó 100 partidos en Independiente y en River, que a Tevez, que no tiene todavía un campeonato entero sobre el lomo".

En el equipo base de Rosario Central, que no pudo mantener ese ritmo de triunfos y terminó con el despido de Menotti del cargo de entrenador, hay, como en Newell´s o en Vélez, nombres que darán que hablar en el futuro: los defensores Ferrari (20 años), Daniel Díaz (23) y Talamonti (21), el mediocampista Papa (20) y los delanteros César Delgado (21) y Luciano Figueroa (21). Con ellos, arqueros experimentados y un grupo de volantes de 26 años. A ellos les pidieron equilibrio futbolístico, cuando están aprendiendo a quedarse parados.

Juan Román Riquelme necesitó varias temporadas en la primera de Boca, hasta convertirse en el forjador de todas las maniobras. Un 5 como Ezequiel Carboni, de Lanús, pasó de ser un habilidoso centrocampista a transformarse en el eje de su equipo; en el medio pasaron 4 años desde su debut. Chacarita está sorprendiendo con la velocidad y eficiencia de dos peligrosos delanteros: Román Díaz (22 años) y Matías Delgado (20). Pero los mismos hinchas reconocen que quien marca los tiempos en el equipo es Ariel Rosada (24, después de haberse formando en Boca y jugado 5 campeonatos.

En Argentina se oyeron muchas quejas cuando sus estrellitas Javier Saviola y Pablo Aimar sufrieron una "amansadora" en sus destinos europeos en el Barcelona y el Valencia. Los reemplazaban durante los partidos, los hacían jugar sólo de locales, los iban cargando de responsabilidades de a poco. Les iban dando horas de juego. Y hoy son indiscutibles. Así se va madurando a un jugador. No les importó a sus conductores españoles que los dos ya hubiesen salido campeones con River. Juventus no compró hace un año a D´Alessandro: lo comprará seguramente en el futuro inmediato, cuando "se haga" más jugador.

Hasta Diego Maradona, que es el mejor y de una categoría única, tuvo que pasar por este proceso de crecimiento. Debutó en Argentinos Juniors a los 16, pero Boca lo contrató recién a los 21; Barcelona, un año después. Y triunfó mundialmente y por encima de cualquier discusión, cuando pasó al Nápoli. Y fue dueño y campeón de la selección nacional cuando estaba por cumplir los 26 años. (8/noviembre/2002).


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