El inconformismo argentino
por Guillermo Gasparini
Ahora que el fútbol argentino está ya clasificado para jugar en el Mundial 2002 y que todos lo consideran un absoluto favorito para alzarse con el título, comienzan las críticas desde adentro. Ahora que el entrenador Marcelo Bielsa ha podido demostrar que se puede jugar al ataque y sin complejos en cualquier campo, por más difíciles que sean sus antecedentes, aparecen los puntillosos que piden otra actitud y otros jugadores para vestir la casaca albiceleste. Se hacen encuestas, que a veces rozan la impertinencia, más allá del afán polémico: si Bielsa es buen o mal conductor; si hace mal en no dar entrevistas personales; si es un caprichoso porque no llama a Juan Román Riquelme; si no ve bien el fútbol porque ignora a Saviola; si no están sobrando jugadores como el Piojo López o Kily González en una selección que debe ser de todos y de los mejores.
Es ya una costumbre argentina el inconformismo permanente. Muchos han escrito que aquí se espera que alguien llegue a la cima para verlo mejor y bajarlo. Dicen que ésa es una actitud desconfiada, hasta pesimista, propia de la larguitud de la llanura pampeana y el continuado fracaso en las políticas que se aplican año tras año sobre los castigados seres de este lado del mundo. En su momento, y hablando específicamente de conductores de la selección, fueron criticados todos los que pasaron, por una cosa o por otra.
Adolfo Pedernera, en los ya lejanos finales de los 70, cuando falló en la empresa de clasificar a Argentina para el Mundial de México, fue considerado "poco rígido y permisivo". Nadie se acordaba que había sido convocado de apuro y tampoco que antes y después de esa experiencia, era llamado "Maestro" en el país y el resto de América. Omar Sívori, quien dirigió al equipo que se clasificó para el Mundial de Alemania y renunció antes de participar en el evento, muy por el contrario, era tildado de "esquemático y demasiado riguroso". A ese Mundial fueron Vladislao Cap y Víctor Rodríguez, a quienes se les achacó "estar desactualizados y ser dubitativos a la hora de conformar al equipo".
Luego empezó el ciclo de César Menotti al frente del equipo. Muchos de los desplazados por el régimen militar de entonces lo acusaban de "no ser consecuente con su ideario y ser pro militar". No les importaba que el equipo comenzara a formarse, creciera y se convirtiera en el primer Campeón Mundial que tuvo la Argentina. Futbolisticamente, se le criticaba por la inclusión de Osvaldo Ardiles y la ausencia de Juan José López. También que no tuviera jugadores de Boca en el plantel titular. Con el tiempo, retrospectivamente, cuando ya la historia había caminado, se le reprochó no haber confiado en el adolescente Diego Maradona, recién en los albores de su reinado.
A Menotti lo sucedió Carlos Bilardo. Un "exponente del fútbol defensivo" y "dependiente alterado de tácticas y videos". El camino hacia el Mundial de México fue duro, con derrotas y paupérrimas actuaciones; al punto que hasta desde el riñón del gobierno radical de entonces se pretendió su reemplazo casi sobre la hora de la partida. Argentina y Bilardo ganaron con Maradona en su mejor momento y hubo quienes reclamaron el perdón para el vituperado de antes. Con el envión del segundo título mundial, siguió Bilardo a los tumbos. Aquí el gran ausente para la mayoría crítica era Ramón Díaz y el técnico también fue cuestionado por esperanzar a Jorge Valdano con un retorno a la actividad que no se concretó. Con una mezcla de suerte, constancia y un excepcional atajador de penales Sergio Goycochea el equipo se clasificó subcampeón mundial, y eso suavizó el retiro de Bilardo de la función.
Manteniendo el criterio de contratar a cada entrenador de la selección desde el fin de un Mundial hasta el siguiente, fue el turno de Alfio Basile. A pesar de sostenerse por más de 30 partidos invicto y sumar dos copas América a las vitrinas de la AFA, Basile fue enfrentado por los adictos a Bilardo como su contracara: de alguna manera lo comparaban con aquel lejano Pedernera, al estimarlo "romántico, poco amigo de las tácticas y, también, permisivo". El golpe de gracia para los detractores del Coco fue el 0-5 ante Colombia, que obligó al rey Maradona a volver de su retiro. Pero faltaba algo más, para redondear la punzante crítica a Basile y su manera de ser (más que a su manera de trabajar): la descalificación de Diego del Mundial de Estados Unidos. Culparon "al entorno y a la permisividad del director técnico".
Fue el momento, entonces, de un Kaiser riguroso como Daniel Passarella. Que ofendió a mayores al citar solo a juveniles, pero luego los mechó con los consagrados y terminó armando un equipo competitivo. "Llama sólo a los de River" le dijeron. "Es autoritario y no admite razones contrarias a su parecer" fue una crítica común. "Es defensivo, hecho a la italiana", también le dijeron. Y finalizó el enfrentamiento con la prensa ocultando entrenamientos a los periodistas, al poner una lona alrededor del campo de prácticas. Terminó en su ley, eliminado por las dudas de su esquema receloso y la potencia de Holanda.
El primer nominado para dirigir el proceso que llevaría a Corea-Japón 2002 fue José Pekerman, quien había recuperado valores de estilo futbolístico y conducta en el manejo de los juveniles. Lo avalaban sus dos conquistas mundiales en la categoría. Pero Pekerman prefirió darle la conducción a Marcelo Bielsa, literalmente un desconocido para el gran público, a pesar de su larga campaña en el país, México y España. No sólo Pekerman fue tildado de "timorato" por no querer asumir el cargo. También el propio presidente de la AFA, criticado cuando eligió a José para las selecciones menores, también lo fue cuando aceptó la sugerencia de nominar a Bielsa.
Desde entonces el nuevo DT se ganó el elogio de la mayoría, al organizar los restos del equipo de Passarella. Lo condimentó a su gusto y comenzó a creer en la presión en el campo contrario y el juego ofensivo. Los mismos que antes apostaban a acertar con la cantidad de puntos que Brasil le sacaría a la Argentina en las 18 fechas clasificadoras, tuvieron que creer en la propuesta del entrenador. Claro que ahora los planteos son: "es caprichoso", como Passarella; "el equipo es vertical y sin estilo argentino"; "Bielsa es esquemático y europeizado". Y algunas cosas más, como decimos al comienzo de esta nota.
En el mundo todos quieren imitar a esta selección de Bielsa. La alaban en Francia, Italia, Brasil, Ecuador, España y Holanda. Sus jugadores son el centro de millonarias transferencias en el mercado europeo, porque con él han madurado y crecido. Pero para los argentinos falta algo más: más jugadores de Boca, más túneles y sombreros, más gambetas. No importa que se gane o empate en cualquier terreno, que se hagan goles y casi no conozca el 0-0. No importa que el objetivo de todos sea "vencer a la Argentina". Los exigentes de siempre quieren más, "no bastan los resultados", dicen.
Y así se escribe la historia de los argentinos. Ni siquiera se conforman con llegar al Mundial como favoritos: "no, nosotros funcionamos mejor cuando vamos de puntos", claman. El gran actor Angelito Magaña tenía hace muchos años un programa en la televisión que se llamaba "Los Argentinos somos así ¿o no?" (10/10/2001)