Sobre sueños y realidades

por Guillermo Gasparini

En la antesala de un nuevo torneo Apertura, consagrada ya la fórmula de dos certámenes anuales más allá de nostálgicas críticas, es bueno ponerse a pensar en realidades, sueños y proyecciones. Por primera vez en decenas de años se han producido cuatro descensos y cuatro ascensos de categoría, y por primera vez los equipos chicos emparejan la participación de los grandes en una copa internacional como la Sudamericana. Tiene de qué ufanarse el presidente de la AFA, Julio Grondona, ante los que reclaman la vuelta a los antiguos métodos. Aunque no puedan emparejarse las posibilidades económicas y quizás tampoco las futbolísticas, hay una variedad de metas para todos los equipos, lo que convierte al medio argentino en uno de los más atractivos del mundo. Dicho esto sin exagerar y sin poner la lupa exclusivamente sobre el nivel del juego en sí. Los cambios de fortuna que se han producido en las vidas de clubes como Banfield, Quilmes, Arsenal, Talleres, Almagro, Chacarita o Nueva Chicago, hablan a las claras de una paridad de chances, tan importantes como pueden ser los sueños de revalidar su dominio en la cima de River o Boca o los intentos por no quedar definitivamente rezagados de Racing, San Lorenzo e Independiente.

Es cierto que la desigualada cuota de ingresos por TV y recaudaciones en sus espectáculos que gozan los dos supergrandes – Boca y River – los tornan a veces inalcanzables. El contundente dominio que ambos ejercieron en el último Clausura, aunque en algunos pasajes hubieran tenido que recurrir a sus equipos de emergencia, sirven de claro ejemplo. Y tenemos que refrescar el dato del 70 por ciento de las adhesiones que reciben ellos entre los aficionados de todo el país para reconocer que quienes manejan el negocio televisivo no están tan errados en sus cálculos. Les guste o no a quienes se ubican en el 30 por ciento de la otra vereda. Banfield, para cerrar el negocio por su estrella Rodrigo Palacio, debió acudir a los dineros adelantados de Boca. Racing espera conocer la decisión de River para saber qué jugadores de refuerzo podrá recibir para afrontar la temporada.

Hay una dependencia – e interdependencia – del fenómeno de los dos gigantes, sin que esto menoscabe al medio o lo asemeje a la realidad uruguaya. Sobran los ejemplos para demostrar que, aun así, no se pierde la competitividad deportiva. Siempre existirá la posibilidad – y el anhelo – de ganarles con buenas artes, aunque no puedan lograrlo con mayor asiduidad los que más cerca los siguen en la escalera. Haciendo un repaso de los últimos campeones registrados, advertimos diferentes realidades entre los consagrados.

Racing superó la sequía de más de 30 años con un equipo de "prestados" – la forma más normal de traspasos y adquisiciones en el mercado argentino – que pudo mantener prudencialmente, hasta que se tuvo que desprender de figuras. San Lorenzo llegó a la meta con un equipo compacto y bien conducido. Independiente, ligado a un transitorio mecenas, encontró momentos de alto rendimiento en su escalada al título. Si Boca y River repitieron conquistas en ese lapso de variedad campeona, lo hicieron a través de distintas realidades. En Boca, por ejemplo, tuvo que reincorporarse el exitoso Carlos Bianchi, con su carga de formador de estructuras compactas sin estrellas. Y River lo hizo a través de las incontables individualidades que siguen surgiendo, año a año, de su semillero sin par.

Pero todos, al fin, grandes, medianos y chicos, tuvieron que desprenderse, en su momento, de sus mejores hombres, para seguir subsistiendo. Ya no están jugando en la Argentina los Riquelme, Saviola, Romeo, Diego y Gabriel Milito, Cavenaghi, Battaglia, Daniel Montenegro, Gonzalo Rodríguez, Andrés Silvera y muchas de las primeras figuras de aquellas escuadras consagradas. En cualquier momento seguirán el mismo camino hacia el exterior, los Tevez, Luis González y Mascherano, como en pocos días se marcharon Mariano González, Ernesto Farías, Nicolás Burdisso, Osmar Ferreyra y Clemente Rodríguez.

No hay forma de mantener un nivel alto de calidad de juego en el ámbito interno ante esta permanente sangría de los mejores elementos. Al comienzo de cada temporada los equipos deben renovarse casi por completo, incorporando figuras que, necesariamente requerirán un tiempo prudencial de ensamble. Es lo que les suele llevar a casi todos el Apertura, la mitad del período. Y cuando se quieren acordar, les llega el Clausura con su carga de clasificaciones, promociones y descensos. Los procesos deben completarse contrarreloj. En el ciclo que se cerró en junio, además de los campeones, fueron Banfield, Quilmes y Arsenal los que mejor equilibraron sus esfuerzos en los dos torneos; Talleres, Chicago, Olimpo y los dos equipos platenses los que más sufrieron para cohesionar sus estructuras; y San Lorenzo, Independiente, Racing, Colón y Newell’s los que se mostraron más erráticos e irregulares en sus producciones.

El torneos se abre con incógnitas. Por un lado hay nuevamente varias figuras de regreso. Ayer fueron Gallardo y Salas en River, ahora serán Palermo, Matellán y Guglielminpietro en Boca. Pero también volvieron Luchetti y Cardetti a Racing, Cocca y Cervera a Banfield, Flores y quizás Pusineri a Independiente, San Lorenzo sigue soñando con Batistuta. Esta será una de las características de los próximos espectáculos. Boca afrontará su primer año sin la tutela del exitoso Bianchi (no tenemos en cuenta el interregno Tabárez) y con un equipo cargado de años. River, disminuido por los que se fueron (Ameli, Cavenaghi, Coudet y Montenegro, sólo por ahora), se conformará con una estructura mucho más juvenil. ¿Les alcanzará esto a los dos para mantener la hegemonía? Eso es lo que estará por verse. Y también son las circunstancias que pueden aprovechar los demás para arrimarse al primer plano.

Han vuelto a la conducción de equipos emblemáticos entrenadores como Miguel Brindisi, Alfio Basile y Reinaldo Merlo. Siguen Américo Gallego, Julio Falcioni y Gustavo Alfaro (estos dos muy requeridos en el receso). Mantienen sus puestos Omar Pastoriza, Ubaldo Fillol y Néstor Gorosito. El uruguayo Víctor Púa hará sus primeras armas en la primera división argentina. No estarán en funciones, por distintos motivos, verdaderas estrellas como Bianchi, Griguol, Menotti, Bilardo, Passarella y Miguel Russo, mientras se marchó sin pena ni gloria el colombiano Maturana. La pelota empezará a rodar. A gozarlo. (28/julio/2004).


volver al menú principal