El mejor futbolista del 2000
por Guillermo Gasparini
El próximo 11 de este mes la FIFA elegirá al mejor jugador de fútbol del año, según como eligieron 130 entrenadores de todo el mundo. Esta vez la terna consensuada está compuesta por el Figo portugués (valuado en más de 65 millones de dólares, a través de su pase del Barcelona al Real Madrid), el brasileño Rivaldo (al cual sí los catalanes votarán, después de atacar a Figo de amante desmesurado del dinero, en el último clásico) y el francés descendiente de argelinos Zidane (figura del Juventus devaluado de la liga italiana). Rivaldo ya ganó la distinción en 1999 (cuando se suponía que Brasil ganaría cómodo la Eliminatoria sudamericana para la copa WC 2002 y no que, en el 2000, quedaría muy atrás de la Argentina). Y Zidane hizo lo propio en 1998 (año en que Francia ganó por primera vez la Copa del Mundo, jerarquizada posición que revalidó en el 2000 en la Eurocopa). Para Figo, el vituperado, sería la primera vez, a los 28 años, de alcanzar ese primado tan honorífico.
Es cierto que, como en toda elección, habrá quienes estén de acuerdo con los candidatos y quienes propongan a otros, de cualquier latitud. Pero no cabe duda que los tres elegidos acumulan suficientes méritos como para encabezar cualquier clasificación. Figo, por ejemplo, es adorado por todos los entrenadores por su polifuncionalidad. Básicamente puntero o extremo derecho, desde ese lateral suele abrir surcos destacables, eludiendo a todo tipo de marcador. Pero, además, se desempeña con solvencia en el medio juego, donde ejerce de volante "revoloteador", entrándole a las defensas contrarias por cualquier sector. Pero también Figo es un aceptable goleador, rematando desde media distancia o en tiros libros de remarcable precisión. Asimismo, por su buen dominio de la pelota, es un preciso pasador o habilitador de los compañeros. En definitiva, todo un jugador de equipo, al que todo entrenador y aficionado quiere tener en su escuadra. Lástima que, debido a su inesperado traspaso desde Barcelona a Madrid, se ganó la enemistad eterna de los catalanes y, desde entonces, no ha podido rendir a pleno en su nuevo club. Está deprimido, dicen. Temió por su vida, tras las agresiones del último Derby español, aseguran otros. Todavía no le encontró la vuelta al sistema de juego de los madridistas. Incluso en la final intercontinental con Boca, demostró una vez más que no es capaz de "ponerse el equipo al hombro" ante la desventaja, como algunos le reclamaron. Es un definidor de partidos. Como Rivaldo, su competidor por estos días. Lo cierto es que, en lo que va de la segunda parte del 2000, Figo no ha podido revalidar todo lo bueno que hizo en Barcelona y en la selección portuguesa (de muy buena labor, a propósito, en la reciente Eurocopa).
Rivaldo fue, queda dicho, compañero de Figo hasta hace dos meses. El también tiene su estilo, aunque es aun más frío. Volante libre, enganche según la terminología argentina, se caracteriza por marcar goles de gran factura, ya sea con los pies o la cabeza. Generalmente, goles que determinan la suerte de partidos o, más aun, de campeonatos. Aparece poco en los partidos, pero siempre en circunstancias definitorias. Pero ese aparecer poco, justamente, le ha provocado repetidos dolores de cabeza ante la parcialidad brasileña y aun entre los catalanes, cuando hubo que renovar contratos. Los brasileños no aceptan los discretos desempeños de su selección y, como es costumbre en todo el mundo, se enojan entonces con su mejor jugador. Rivaldo, molesto, ya ha anunciado que está pensando en no volver a la selección, que debe renovar sus títulos en las eliminatorias en marzo próximo. Sería insólito que la gran estrella deje vacía la camiseta número 10 del seleccionado, pero así es el carácter de los héroes mediáticos. Los dólares que reparten en Europa a veces son más confortables que los vítores de los propios aficionados compatriotas. En Barcelona seguramente hay menos riesgo que en Brasil. Y este es otro punto que le cuestionan al gran goleador: no siempre aparece en las circunstancias difíciles.
El tercero en la terna es Zidane, otro volante de creación, que sobrelleva como gran figura la discreta figuración en el año de su equipo, la Juventus italiana. Los logros de sus compatriotas franceses pueden catapultarlo a la posición de mejor jugador del año, justamente por los peros que pueden arguirse ante los otros dos candidatos. Aunque Juventus perdió el campeonato 99/00 y no está entre los primeros en el 00/01, Zidane siempre se las ingenia para ser el futbolista más claro, con pases acertados, gambetas oportunas y una presencia siempre firme en el mediocampo. Al francés se le puede destacar la continuidad y eficiencia, pero a la hora de contabilizar déficits, cabe mencionar su falta de gol. Algo que, extrañamente, hizo muy bien en la final del 98, pero que no repite ni en su club ni en la selección. El asiste a los demás, define muy poco. Menos que Figo, mucho menos que Rivaldo.
Así está la elección del 11 de diciembre. Una fiesta en la que también serán premiados la selección holandesa, por ser la mejor del 2000 (quien sabe qué criterios se utilizaron en este caso, para elegirlos antes que Francia o Argentina) y la nigeriana, por sus progresos futbolísticos permanentes. También en esa oportunidad la FIFA develará la incógnita sobre la encuesta que realizó en los últimos meses para determinar al mejor futbolista del siglo XX. No hay duda que la elección caerá sobre Diego Maradona o Pelé. Como los votos se registraron en Internet, muchos suponen que ganaran los jóvenes (mayores usuarios de la red ) inclinados generacionalmente por el argentino, por encima del brasileño, quien brilló entre los 60 y los 70. Cualquiera sea el resultado no hará olvidar que se trata de dos formidables futbolistas, de todas las épocas. Como Figo, Rivaldo y Zidane, los tres, indudablemente, un escalón por debajo de los dos reyes. (30/11-00)