Cara y ceca de un líder

por Guillermo Gasparini

La selección argentina ya ha recorrido la tercera parte de su camino en las Eliminatorias mundialistas y recién allí, en la sexta fecha, se encontró con el rival más poderoso y la pérdida de su invicto. Brasil, de algún modo, fue la horma del zapato para un equipo que venía arrasando a sus adversarios. El lapso transcurrido, entonces, permite hacer algunas consideraciones sobre el nivel demostrado hasta el momento por el conjunto que conduce Marcelo Bielsa y sobre sus posibilidades futuras.

Por encima de consideraciones exitistas - aquellas que ya veían a una Argentina clasificada mucho antes de llegar a la mitad de la competencia sudamericana - que inmediatamente se mostraron pesimistas tras el cimbronazo que le provocó Brasil, no hay duda que el equipo bien puede ser considerado como uno de los más poderosos del mundo actual. Así lo reconoce, por ejemplo, su ex conductor Alfio Basile, a riesgo de que dentro de dos años lo consideren un fracasado pronosticador: "Argentina está para ser campeón del mundo", dijo. El nivel de sus jugadores es, sin duda, altamente competitivo; de lo mejor que se ve hoy. Bielsa ha conseguido ensamblar un conjunto que, por momentos, muestra un gran poderío y efectividad.

Argentina 2000 funciona a pleno cuando sus hombres se mueven a toda velocidad, presionando a los rivales en su propio terreno. Consigue, en esos momentos, altísima precisión. Y una muy buena cuota de gol, salvo excepciones como la vivida ante Bolivia. El conductor reconoce que ante Chile se desarrolló la más completa producción. Y que él quiere que la presión que se aplica sobre el adversario de turno, que a veces se logra en 30 minutos, en un tiempo, se extienda a mayores momentos de cada partido. Ese es su ideal, obviamente. Cuando el equipo pierde rendimiento es cuando debe jugar a un ritmo más pausado, por propia decisión u obligado por el rival. Pasó ante rivales inferiores, como Bolivia o Ecuador, pero también ante un oponente equivalente, como Brasil.

Para llevarlo a términos automovilísticos, Argentina muestra su cara más contundente en cuarta o quinta velocidad, pero muestra fallas en segunda o tercera. "Si, rendimos más cómodos en plena dinámica y no en la pausa", expresó Bielsa hace pocos días. Y es que, fundamentalmente, este plantel - por propia elección de su director técnico - no tiene jugadores para moverse de otro modo. Y depende en un 100 por ciento del papel de eje distribuidor que puede realizar Juan Sebastián Verón, sin duda el dueño de su circulación. Por ahora, no plantea otras variantes, ni aun cuando Verón no acierta o fracasa en su función de habilitador y lanzador.

Bielsa sólo cambia funciones, no calidades. Sorín por Cristian González, Gustavo López por Ortega o Claudio López. Nunca se verá un Aimar por el Kili, para intentar una variante estilística. Y Gallardo apenas ha jugado 12 minutos en estas Eliminatorias; generalmente, ni siquiera ha sido convocado. "Aimar y Gallardo son dos alternativas, pero yo elegí otra. Sigo destacando la incidencia de Verón en ese puesto", aclaró Bielsa. Para el técnico que recuperó la posición de extremo derecho, tan olvidada en el fútbol actual, o que decididamente prefiere utilizar una línea de fondo de 3 integrantes aun en el Morumbí brasileño, no hay dudas: Verón es el conductor y no hay posibilidades de hacerlo jugar con Gallardo o con Aimar, por citar a dos jugadores-armadores no asociados con el vértigo del resto. Las posibilidades, para Bielsa, se generan más por presión que por elaboración.

En lo que va de las Eliminatorias, Bielsa apenas ensayó con Pochettino por Sensini en el primer partido, y generalmente reemplazó a Ortega e hizo entrar a Gustavo López y Sorín. Ademas de utilizar a Crespo cuando faltó Batistuta. Por un lado, ratifica la titularidad de sus elegidos, familiarizando al público con una misma integración. Por otro, muestra una escasa vocación por el ensayo. Ya en la etapa previa, casi siempre estuvo seguro de lo que buscaba. Repitió formaciones y esquemas, probó cada tanto a Vivas, a Guglielminpietro (en la función que ganó Cristian González), Berizzo, Chamot, Arruabarrena o Guillermo Barros Schelotto. Y tiene ya un grupo base que no altera. Ni afuera ni adentro de la cancha.

Así como en la etapa Passarella era difícil que el equipo se volcara al ataque con decisión, con Bielsa no pueden esperarse hechos que lo saquen de su planteo táctico. Ortega, aunque siga mostrando que es el único que puede desequilibrar por habilidad y que siga generando maniobras positivas a fuerza de gambetas, es para él uno más; reemplazable. Al nivel de un Gustavo López, claramente inferior a la hora de desbordar. Prefiere los dinámicos como González y apenas los reemplaza por un defensor adelantado como es Sorín. Nadie que sepa apretar el freno cuando los caminos se cierran o no aparecen. Y siempre el conjunto es Verón y 10 más.

Dado su habitual hermetismo, es difícil saber si el técnico busca en soledad otras variantes. En los hechos, esa posibilidad no se advierte. De todos modos, aun es temprano para consideraciones definitivas. A los que piensan que el equipo ya está en su techo, debemos recordarles que es mejor que ese límite lo alcancen en el 2002, cuando se juegue el Mundial. Si planteamos algunas objeciones, no es porque lo que los elegidos por Bielsa plasmen en la cancha no tenga jerarquía. Estar, a esta altura, liderando las Eliminatorias con 4 puntos de ventaja, no es poco.

El trayecto recorrido por Bielsa, entonces, después de esta perfomance y de haberse batido con éxito en 1999 con selecciones como las de Holanda, Inglaterra, España, Brasil o Colombia, es bueno. Por más que el equipo que presentó en Brasil a fines de julio del 2000 sea muy similar al que jugó en el Mundial de 1998. Tengamos presente que ante Holanda, en la despedida de Francia, Argentina jugó con Roa, Ayala, Sensini, Chamot, Zanetti, Almeyda, Simeone, Verón, Ortega, Batistuta y Claudio López.

Qué ha cambiado? Sin duda, la actitud. Esa que permitió afrontar Wembley sin complejos, la altura sin miedos y el propio Morumbí atacando, como hace mucho que no se veía a una selección argentina por esas tierras. "Hay aspectos que generan tranquilidad, como la respuesta anímica y la actitud de los jugadores", reflexionó Bielsa después del 1-3. "La actitud es más importante que el sistema", acaba de destacar otro conductor exitoso, Carlos Bianchi. Eso, entonces, es lo que hay que valorar en este nuevo ciclo. Si aun hay posibilidades de crecer más, se verá con el tiempo. (27/07/00).

 


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