La habitual defraudación

por Guillermo Gasparini

Primero quieren ganar campeonatos nacionales. Después quieren clasificarse para los torneos internacionales. La meta, dicen, es lograr gloria y títulos engalanados. Fuerzan a las autoridades sudamericanas para que, además de la copa Libertadores, se juegue otro certamen continental. Se quejan si la televisión no apoya demasiado y si otras empresas no se suman a las recompensas. También si los brasileños anulan su concurrencia, atareados por su inhumano calendario interno. Impulsan la decisión de jugar un campeonato, de cualquier manera. Se aseguran retribuciones superiores a las que alcanzan en el ámbito local. Y finalmente, cuando tienen que salir a la cancha, lo hacen con sus figuras suplentes, justificándose con las excusas más banales. Y defraudando a espectadores, televidentes, sponsors y autoridades.

Eso es lo que suelen hacer los equipos argentinos. Es habitual que cuando sus posibilidades deportivas desmejoran, le dan la espalda al torneo internacional. Si les va bien en los dos frentes, dicen que "se pueden disputar las dos competencias, con un buen programa de entrenamientos y haciendo como los equipos europeos, que juegan miércoles y domingo sin problemas". Si les va mal y no logran resultados positivos, repiten que "es un desatino jugar con el mismo equipo en los dos certámenes. Los jugadores no soportan tanto viaje y tantos partidos entre semana. Los europeos lo pueden hacer porque no mantienen el ritmo todas las semanas".

Ahora ya lo hizo Boca en la Copa Sudamericana y anuncia que lo hará San Lorenzo. En ninguno de los dos es novedosa esta actitud. La han repetido a lo largo de los años y bajo la responsabilidad de los más variados entrenadores. Y en los más diversos torneos, aun en la Libertadores. Hasta cometen la defraudación en los campeonatos de verano, amistosos de preparación. Pero si en este caso son ellos los enfocados por la crítica, otras veces han sido River, Racing y, en menor medida, Independiente, los que adoptaron igual determinación.

Incluso River, antes de enfrentar a Racing hace una semana, tenía esa idea rondando en la cabeza del entrenador Pellegrini. Una circunstancia casual (la derrota inesperada ante Huracán en el Apertura) le hizo cambiar la decisión, para reforzar el juego y actitud anímica de los titulares. Poco faltó, entonces, para que fueran tres de los cinco representantes argentinos en la Copa Sudamericana, los que engañaran a todos presentando figuras de segundo nivel. Los entrenadores pretenden justificarse hablando de "equipo alternativo" o "necesidad de darle juego a los futbolistas que tienen menor actividad". Pero no hacen dos o tres cambios en la alineación: ponen a todos los relevos en la oportunidad internacional.

Y no es una cuestión de dinero la que motiva estas conductas, porque el torneo organizado por la CONMEBOL paga en término cifras interesantes. Los dirigentes lamentan las deserciones de Brasil, México y Estados Unidos (después de haber olvidado a estos dos últimos países durante años) porque eso disminuye las posibilidades de televisación y, con ello, las mayores retribuciones. Pero nunca copian la seriedad de esos tres países para negarse a participar de antemano. "Calendario apretado y falta de fechas disponibles" fueron esta vez las explicaciones que dieron brasileños, mexicanos y norteamericanos.

Desde el punto de vista gerencial es otro despropósito de los dirigentes argentinos. Estamos habituados a ver repetirse los ejemplos. Y Boca pudo haber cometido otro, ante los aficionados salteños, si el marcador del partido con Gimnasia lo hubiese ayudado. Porque seguramente, de no necesitar un triunfo para clasificar, como ocurre ahora, hubiera presentado a su "equipo alterno" en la revancha a disputarse en Salta. Cobrando los 100 mil pesos que le prometieron las autoridades de esa provincia. Y también la recaudación que generarán los hinchas norteños, necesitados de ver en directo a los ídolos que habitualmente sólo gozan por TV. Habrían generado una doble defraudación, la que aun están a tiempo de cometer.

Cuando empezó a jugarse la copa Libertadores, Boca fue un ejemplo para los demás clubes argentinos, al ser el primero que se la tomó en serio, en 1963. En aquel momento hacía al revés, presentaba suplentes en el torneo local, impulsado en el plano internacional por el hambre de gloria. Ante esa actitud, la AFA, forzada por los dirigentes de otros clubes, hicieron nacer la reglamentación por la que los clubes tenían la obligación de presentar a una determinada cantidad de titulares en cada presentación doméstica. Con los años se elastizó la reglamentación, ampliando el término "titulares" a todo el plantel profesional.

Boca, en ese entonces, necesitaba ganar títulos. Como San Lorenzo en la última edición de la Mercosur. Ahora, los dos dan el mal ejemplo, deportiva y empresarialmente. Una nueva mancha al tigre del disparate. (12/septiembre/2002)


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