Futbol Argentino On Line/ Guillermo Gasparini

Esperando al dream team

por Guillermo Gasparini

Los argentinos sueñan con admirar en el inminente torneo preolímpico que se disputará en Brasil a un nuevo dream team. Es que la posibilidad de encontrar en una misma cancha a estrellas tan fulgurantes como Aimar, Riquelme, Saviola y Cambiasso amenaza con estremecer el firmamento futbolístico del primer año del nuevo siglo. No importa que el quinto componente de este selecto póquer de ases - el boquense Samuel - no pueda estar presente por una lesión. El resto de los convocados por José Pekerman para esta selección albiceleste encandila. Aunque, básicamente, ellos y casi todos los demás son los conocidos de siempre en las preferencias del director técnico, como que ya fueron campeones mundiales juveniles en Qatar 95 y Malasia 97: Biagini, Markic, Scaloni, Placente, Romeo.

Indudablemente, una generación generosa en calidades individuales. Un sub 23 lujoso, integrado por jugadores que, además de brillar como juveniles, ya son una realidad en los equipos de primera división de Argentina y otros centros futbolísticos europeos. En los casos de Aimar y Saviola - éste, de apenas 18 años - ya convertidos en ejes fundamentales de la estructura del ultimo campeón argentino, River Plate. Y Riquelme, a su vez, es la gema que más brilla en el Boca Juniors bicampeón 98/99, Hay argumentos contundentes para pensar que la unión - o el reencuentro - de estos jugadores tiene los condimentos necesarios para generar un cóctel futbolístico soberbio.

El entrenador prefiere que no le hablen de dream team. Un término acuñado en los Estados Unidos cuando los ases de la NBA aceptaron jugar en los Juegos Olímpicos representando al fin a su país. Basado tanto en sus calidades personales como en la superioridad que prima facie anticipaban sobre sus circunstanciales rivales. Pekerman, conductor responsable de muy buenas escuadras desde que en 1995 irrumpió en el alto nivel, está acuciado ahora por las lesiones de algunas figuras y los malentendidos con los clubes. Y sabe, como buen DT alejado de tacticismos y milagrerías, que los buenos equipos surgen cuando coinciden los momentos de esas figuras que él como conductor elige. "Según le suene la flauta a cada uno" se solía decir. Y en la historia del fútbol argentino hay antecedentes de sobra como para certificar que no siempre la gran conjunción de nombres ha dado los resultados deseados.

El mayor fracaso puede ser con aquel otro dream team del preolímpico Paraguay 92. Entonces estaban Latorre, Astrada, Turu Flores, Silvani, Yaya Rossi, Roa. No hubo forma de hacerlo caminar, aunque los dirigentes suponían que ni bien terminara el certamen tendrían la posibilidad de transferir al exterior a todos los jugadores. Esa vez le echaron la culpa al excesivo calor y a la falta de entrenamientos conjuntos. Pero las dos cuestiones, aun siendo importantes, no suelen ser las fundamentales. Uno de los más brillantes seleccionados argentinos de todos los tiempos, el que ganó el Sudamericano - ahora Copa América - en Lima en 1957, casi no tenía prácticas conjuntas previas. Y arrasó con goleadas memorables ante todos sus adversarios, incluidos Brasil y Uruguay. Claro, pero en sus filas coincidieron Maschio, Angelillo y Sivori, nada menos, tres que casi inmediatamente saltarían al fútbol italiano; junto a veteranos como Dellacha y Néstor Rossi.

Equipos formados por jugadores de primera división fracasaron en los Juegos Olímpicos de 1964 - no pudieron vencer ni a Japón ni a Ghana -. Y otros grandes campeones sub 20 no pudieron triunfar en el profesionalismo mayor. Aquel juvenil campeón de 1979 en Japón que consagró a Maradona, tuvo además a Ramón Díaz, Simón, Calderón y Escudero. Pero otros jugadores que allí se destacaron, después no lograron trascender. Tuvieron su momento mágico y se apagaron. Y es sabido que ése, más allá de los títulos, es el máximo objetivo de estos conjuntos de promesas. Como pasó en ese mitológico equipo que compitió en el germen panamericano de Dallas, en 1937 - recordado por varias generaciones posteriores - que consagró a Sarlanga, Carniglia y Laferrara. O ese otro panamericano de México, a mediados de los 50, que presentó en sociedad a valores como Sanfilippo, Menéndez, Maschio y Yudica. Hitos en la historia argentina, gracias a actuaciones rotundas y vistosas. Aunque más tarde varios de los integrantes de estos equipos no pudieran mantener ese alto nivel internacional.

De aquel conjunto de Qatar, Biagini, Sorín, Ibagaza, son ahora una realidad, 5 años después. A Lombardi, Pena, Guerrero, el camino no les ha sido tan firme y todavía luchan por afirmarse en el primer plano. Los de Malasia aun tienen más tiempo por delante, pero hay varios que ascendieron muchos escalones. Aunque solo Aimar y Riquelme han sido probados en la selección mayor. Lo difícil y siempre impredecible, en estos casos, es mantener el nivel de 1997 en el 2000. Y ése es el desafío de todo equipo de fútbol. La generación holandesa que deslumbró en la década del 80 alrededor de Cruyff no se volvió a repetir. Coincidieron en tiempo y lugar individualidades que se complementaron con exactitud, como lo reconocieron sus propios entrenadores. Igual ocurrió con el título olímpico que logró España en 1992, con Guardiola y de la Peña. Ni antes ni después se repitieron esas actuaciones hegemónicas.

La simple acumulación de figuras no garantiza calidades ni resultados. Un ejemplo puede ser el Inter italiano de las últimas temporadas. O el Real Madrid actual. La flauta le tiene que sonar a varios el mismo día o el mismo torneo, el circuito de genialidades se tiene que dar al unísono. Nadie duda de Riquelme, de Aimar o de Saviola. Ni de ninguno de sus compañeros. Pero cada vez que salgan a la cancha, tiene que estar en su día para que el dream team soñado sea una realidad. Y todos tienen que saber, más allá de esos titulares periodísticos catastróficos que los maltrataran si no llegaran a clasificarse, que ganar o perder, ganar jugando bien o jugando mal, perder jugando bien o jugando mal, son imponderables de este juego llamado fútbol. Aunque poner a Aimar, Saviola, Riquelme y compañía del mismo lado abre un abanico de posibilidades gratas. Y eso es lo que sabe de memoria ese sabio conductor que es Pekerman. (01/01/00)

 

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