Verón-Aimar, una dupla posible

por Guillermo Gasparini

   El éxito argentino ante los italianos, que mezcló personalidad, alegrías, positivismo y buen estilo, ratificó lo que ya se sabía: que en este momento el equipo es uno de los tres mejores del mundo. Cada opinador lo pondrá primero, segundo o tercero, pero de allí, dados los resultados y las contundentes actuaciones en Eliminatorias y amistosos, no puede bajarlo. El grupo conducido por Marcelo Bielsa, además, dio muestras de la versatilidad de sus integrantes – defensores, volantes, armadores, delanteros – y puso en práctica una hasta ahora inédita dupla: Juan Sebastián Verón y Pablo César Aimar. La prueba se sobrellevó con el puntaje ideal.

No siempre lo que un técnico imagina sobre un papel o un hincha siente en el corazón se plasma en el terreno de juego. Hay quienes están convencidos de que el fútbol se trata simplemente de poner la mayor cantidad de jugadores de grandes condiciones, y por eso quieren en un mismo equipo no sólo a Verón y Aimar, sino también a Gallardo, Riquelme y Ortega. Olvidan que éste es un juego de conjunto y de complementaciones, en donde caben los marcadores y los creadores, los goleadores y los recuperadores, las rápidos y los lentos, los regateadores y los toscos. Lo importante, dentro de la diversidad, es encontrarle la función a cada uno. Y que las individualidades conformen el todo.

Bielsa, de cuyas convicciones ofensivas no pueden caber dudas, ha estado haciendo ensayos variados dentro de la exigente pretensión de resultados que le piden sus contratantes y los aficionados. Así, una vez que encontró a Verón como eje – enganche le dicen ahora – de los movimientos generales, buscó rodearlo de buenos y funcionales compañeros. Zanetti y Cristian González se ganaron el lugar de volantes laterales, Simeone el de volante central y el equipo se movió con un delantero de área y dos extremos. Con ligeras variantes, este es el esquema que se mantuvo durante la mayoría de los partidos. Bielsa lo ha dicho muchas veces, prefiere un enganche, prefiere un delantero central. Así le dijo no a quienes pedían – y piden – a Batistuta y Crespo, a Verón y Gallardo, o a Simeone y Almeyda. Trata de no superponer funciones.

En anteriores compromisos Aimar entró por Verón, Gallardo jugó de titular sin Verón ni Aimar, hubo dos partidos en los que Verón ocupó la plaza de Zanetti y Aimar fue el 10; antes, con Verón de titular, Aimar entró una vez por Crespo (15 minutos), y otra por Ortega (8 minutos) y Gallardo hizo lo propio una vez por Ortega (12 minutos) y otra por Kili González (todo un tiempo, ante Brasil). Siempre manteniendo la costumbre de Bielsa de hacer los cambios en los últimos minutos. Y así se fueron armando las experiencias en los partidos, más de las que se puedan hacer en los pocos entrenamientos conjuntos.

Por eso fue importante esto mostrado ante Italia. Verón, con sus características de jugador suelto, hasta displicente en su andar, pero preciso como eje de la circulación y en la aplicación de su pegada larga, muy exacta. Y Aimar con su revuelo enmarañado, que deja rivales en el camino y descubre compañeros a su costado y adelante con el rabillo del ojo. Verón, más acostumbrado a arrancar desde atrás. Aimar, más habituado a moverse en la zona de ataque. Fue, sin duda, la mejor actuación de Aimar con la albiceleste. Pero los dos se encontraron, hilvanaron maniobras entre ellos, se buscaron permanentemente. No importó que esta vez Verón no acertara todos sus pases (un fallido taquito en media cancha posibilitó el único gol de los italianos).

El encuentro positivo y el resultado de la prueba fueron auspiciosos. Bielsa comprobó que puede no jugar con extremos (titulares habituales, no estuvieron ni Ortega ni el Piojo López) pero, si hay convicción de jugar hacia delante y con protagonismo – ese término tan mal usado – habrá posibilidades de llegar muchas veces hasta el arco contrario. Y ese es el objetivo principal del fútbol.

Verón se movió como le es habitual en el Lazio: suelto en el medio, rodeado de 4 ó 5 volantes con distintas tareas y funciones. El, en Italia, es el único dispensado de marca y posición fija. Aimar ratificó que si encuentra con quien tocar, no se superpone, sin necesidad de ser un enganche definido. El arma siempre y propone juego. Alguna vez, en el campeón juvenil de Malasia, mostró complementación con Riquelme, por ejemplo, sin problemas y con efectividad. La fórmula Verón-Aimar es buena; y quedan Gallardo o Riquelme como opciones para cualquiera de los dos.

En todo este ciclo Bielsa encontró un equipo – no necesariamente 11 jugadores – titular, algo que mucho le agradecen los propios futbolistas en sus declaraciones. Y también variantes para ese esquema, que de ninguna manera es rígido. Los cambios no le deforman la cara al equipo argentino. Puede estar Zanetti o no, Verón o no, Aimar o no, Batistuta o no, Sorín o no, Vivas o no, Ayala o no, Piojo López o no. Eso es bueno. Más pensando en el próximo partido, por las Eliminatorias: Volverá Ortega?, Quién sale?, Quién se queda afuera de entrada?.

Bielsa sabe que puede ofrecer variantes – según las características del rival o el estado de cada jugador – sin que se resienta la estructura general. No necesita de largos entrenamientos, cada vez más difíciles de concretar; se contenta, como dijo, con tareas de mantenimiento. Por un lado, ha demostrado claridad de objetivos como conductor. Por el otro, una vez más ha demostrado que es arriesgado, aunque a veces parezca tan esquemático. (3/03/01).


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