Bielsa se equivoca de enemigo

por Guillermo Gasparini

Por alguna razón que aún se desconoce, el presidente de la AFA nominó a Carlos Bilardo como un posible reemplazante de Marcelo Bielsa al cargo de seleccionador nacional. Aclaró que la situación podría darse en caso que el actual conductor tuviera problemas y decidiera abandonar el barco. Nadie conocía en ese momento y aun después, que Bielsa atravesara por algún problema, personal o con la dirigencia. Y, por supuesto, en la primera oportunidad que tuvo el actual entrenador de la selección para ofrecer una respuesta a este nuevo panorama, contraatacó con cierta furia, aunque con la corrección dialéctica habitual en él.

Pero resulta que en vez de enojarse directamente con su contratante o con quienes impulsan un recambio en la conducción de la selección, apuntó sus dardos contra el periodismo, indiscriminadamente o sobre los pocos presentes en la conferencia de prensa. Equivocando al enemigo, con frases como "yo no soy amigo de periodistas, ni me relaciono con periodistas, ni quiero relacionarme con los periodistas". Para quien no esté muy interiorizado en el problema, Bielsa podría estar afectado por las múltiples críticas que sobre él cayeron después de la abrupta eliminación del Mundial 2002. Al punto que casi un año después sigue analizando si Argentina jugó bien y fue el mejor de su grupo pero tuvo mala suerte, y debe responder a preguntas sobre si hizo lo correcto al convocar entonces a los lesionados Simeone y Caniggia, en desmedro de otros sanos, como Saviola.

Lo que no se anima a decir Bielsa, aunque veladamente lo deja inferir, es que la presión representada por la posibilidad de Bilardo y los concretos dichos de Julio Grondona, tienen más que ver con la fuerza que tiene la empresa de televisión propietaria de los derechos de transmisión de los partidos hasta 2014, en el negocio del fútbol argentino. Una fuerza mediática que se evidencia en los requerimientos para tener en el cargo de seleccionador a una persona más accesible a sus necesidades de programación. La TV precisa un personaje maleable, visible todas las veces que se lo requiera, aun más histriónico que lo que es el atildado y monocorde Bielsa. Algo así como hizo con Bilardo, al que lo utilizó como especialista en tácticas, como analista de partidos y hasta lo convirtió en animador de juegos y bailes. Un entrenador todo terreno, no un disertante de conferencias de prensa cada 3 meses.

Incluso hay más. Uno de los voceros periodísticos de la empresa de TV aclaró que "nosotros respetamos el contrato de Bielsa, aunque él se negó a refrendar contratos de partidos amistosos que le propusieron". Otra pata del negocio futbolístico. La televisión no es simplemente un canal de comunicaciones. También es la cabeza de negocios conexos. Otros entrenadores, antes de Bielsa, tuvieron contratos de exclusividad con ciertos canales de TV. Y alguno hasta fue acusado de colocar en el equipo seleccionado a algunos jugadores relacionados con ciertos contratistas.

En muchos sentidos, entonces, Bielsa no es una personalidad potable. Lo soportaron durante 4 años, no quieren soportarlo por otros 4 más. Pero ¿por qué el presidente de la AFA le renovó el vínculo a Bielsa hace 8 meses, si los personeros de la TV y muchos dirigentes estaban en contra? Esas son las cuestiones que en algún momento se clarificarán.

Porque hay otro tema que tiene que ser balanceado en el análisis. Los clubes argentinos dependen en alto grado de los ingresos que les proporciona la televisión. Ya no gozan de las cifras de hace un par de años – casi como en el resto del mundo – pero igualmente son sus principales entradas en cada temporada. Y, necesariamente, la presión del poder mediático debe hacerse presente en algún momento. En estos días hubo una indisimulable injerencia de la empresa en colocar a sus contratados Ruggeri, Merlo, Brindisi y Córdoba, en las vacantes creadas en las direcciones técnicas de algunos equipos grandes. Independiente, alejado el grupo inversor que lo acompañó durante la temporada que está por terminar, parece ceder a la influencia y contrata a Ruggeri, a pesar de la opinión de sus propios aficionados. San Lorenzo hace lo propio con Merlo. A Brindisi lo acercan a Racing. Y al que pocos quieren es a Córdoba, que no puede ser colocado ni aún en un equipo chico. ¿Son casualidades?

Bielsa, ante esto, ataca sólo a los periodistas que le reclaman más fluidez en los contactos. Los periodistas que no tienen que ver con los ratings de los programas ni con la colocación de entrenadores, quieren saber por qué convoca a juveniles en vez de experimentados. También por qué arma esquemas "europeos" y domésticos" ante los compromisos. Desean saber de cuestiones estrictamente futbolísticas, no quieren inmiscuirse en entrenamientos o vidas privadas. Quieren ver más para poder informar. Tener más elementos para poder juzgar con mayor precisión. Esto parece no entenderlo el entrenador. En cambio, prefiere enfrentarlos a ellos, en vez de atacar a quienes sí lo atacan.

"Estoy viviendo en un tembladeral", admite Bielsa. Y sabe que será implacablemente juzgado partido tras partido. Un seleccionador no necesita de amigos para cumplir bien con su misión. Tampoco de supuestos enemigos que sólo le digan que no les gustó cómo jugó el equipo. El ya tendría que saber quiénes lo acosan con segundas intenciones. Y no lo ayudarán a salir del tembladeral estas maniobras de distracción. El verdadero rival que lo enfrenta tiene poder y paciencia. (22/mayo/2003).


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