La selección europea de Bielsa
por Guillermo Gasparini
Los jugadores son casi los mismos. Con ligeras variantes, la selección argentina que arma Marcelo Bielsa es casi idéntica a la que conformaba Daniel Passarella hasta el Mundial de Francia, apenas con algunos nombres alterados. Hay otro arquero, apareció el Kily González sobre la izquierda, Samuel es el joven que irrumpió después del Mundial de Malasia, esporádicamente Pochettino ocupa la función que antes realizaba Paz. Y, para mantener la continuidad generacional, como lo admitió Alfio Basile en reciente reportaje, Passarella también continuó con lo que él había hecho en el ciclo 1991/1994, agregándole nuevas figuras que hoy son consagradas.
Pero para justificar la tarea de los directores técnicos y no abandonarlos a la simple tarea de seleccionadores - como a veces le gusta decir que es al propio Bielsa - entre los tres conductores hay notorias diferencias tácticas. Lo que el equipo hace hoy es más parecido a lo que exigía Basile. El planteo de Bielsa es claramente distinto al de Passarella.
Y no es simplemente que Simeone sea hoy el 5 titular, que Ortega haya vuelto a ser puntero derecho o que Batistuta sea un pilar decisivo de la estructura y no tenga que lidiar con las desconfianzas del técnico. Passarella, como Basile y Bielsa, creía que la selección argentina debía ser protagonista en cualquier cancha en donde se presentara. Pero, fiel a su escuela italiana, más de una vez se metía las convicciones en el bolsillo y retrasaba al equipo, sin vergüenza. Ocurrió muchas veces en su ciclo que el conjunto se paraba definidamente con una línea de 4 en el fondo, 3 volantes de marca o recuperadores, un enganche y dos delanteros. Y si las circunstancias para él lo exigían, convertía a ese bloque de volantes en otra línea de 4, tal como hace aun hoy la selección italiana, amarreta y especuladora. Así ocurrió, en las Eliminatorias pasadas, contra Colombia de visitante, contra Bolivia, contra Ecuador, contra Uruguay. En amistosos, contra Brasil en la copa América y en un amistoso previo antes del Mundial. Y así también cerró su actuación en Francia, contra Holanda.
Bielsa está convencido que el protagonismo empieza jugando en el campo contrario, lo más lejos del arco propio. Por eso planta una línea de fondo de 3 integrantes, mete 3 volantes recuperadores, de ida y vuelta, un enganche y 3 delanteros netos. Todos van siempre para adelante, presionan al rival sobre la pelota, casi no conocen la pausa. Al decir del entrenador de Colombia, Luis García:"es una selección europea" por su dinámica. Para otros críticos, "no responde a las pautas argentinas históricas", según dice César Menotti. Y el ex conductor del 78 hasta arriesga un concepto muy del siglo XXI: 'La selección juega mucho fútbol vertical, muy poco horizontal". Para ilustrar a los que no estén tan identificados con estos términos, habrá que decir que se llama "fútbol vertical"cuando se va siempre para adelante, y "horizontal" cuando la pausa incluye juego lateralizado.
Es malo ir siempre hacia delante? Argentina, en estas Eliminatorias, lo hizo ante Chile, Venezuela, Bolivia y Colombia. En tres de los casos, goleó. En un partido, contra Bolivia en Buenos Aires, avanzó los 90 minutos infructuosamente y ganó ajustadamente por un gol que tardó mucho en llegar. El equipo está acostumbrado a jugar metido en terreno adversario, trata de avanzar por los laterales, no elige siempre la mejor maniobra porque todo lo hace vertiginosamente. Y también porque, salvo Verón, no tiene jugadores habituados a poner unos segundos la pelota debajo de la suela. Es eso ser europeo y no argentino? La historia del fútbol argentino muestra que cuando hubo super abundancia de cracks, también hubo regodeo y goles (década del 40). Cuando la cantera fue nutrida de otros ingredientes, se actuó a un ritmo más cansino (década del 60). Menotti, justamente, fue el primero que logró integrar las calidades típicas con el ritmo europeo. Después llegó una época que giró siempre alrededor de la magnética figura de Diego Maradona. Y es a su término cuando aparecen estos DTs de la década del 90.
Basile, fiel a su estilo, juntó figuras y las mandó al ataque. Murió en su ley. El equipo estuvo más de 30 partidos invicto, en todo tipo de canchas, y hasta su último partido en el Mundial 94 fue patético: el equipo creó muchas situaciones de gol, no las pudo concretar todas, y tres avances rumanos (y tres errores de la defensa) dejaron afuera a la Argentina. Passarella confió en su escuela y hasta perdió una final olímpica después de ir ganando 2 a 0. Bielsa retoma la línea de los otros dos, pone su sello y adopta más precauciones que Basile. Simeone no es Redondo. González no es Berti, ni Gallardo. Pero Batistuta es Batistuta, Ortega es Ortega y el Piojo es el Piojo. Aunque le cueste reconocerlo a Menotti, es como él dijo tantas veces: "Nada de cosas raras. La heladera en la cocina, la cama en el dormitorio, el sillón en el living".
Este equipo de Bielsa es contundente, aplasta a los rivales. Los obliga a quedarse en el fondo. Con potencias iguales, no desentonó. Ni en Amsterdam con Holanda, ni en Wembley ante Inglaterra, aun jugando mal, ni en España ante el local. Sólo lo superó claramente Brasil, en la revancha amistosa del Monumental. Puede jugar mejor? Su última actuación, ante Colombia, fue unánimemente reconocida como la más brillante. Teniendo en cuenta, principalmente, que este "vértigo europeo"del entrenador suprimió de antemano las conocidas excusas de la altura de Bogotá y la jerarquía del adversario. Brasil volverá a ser unidad de medida el próximo 26. Pero no será la única. La meta no es ganarle sólo a los brasileños en su suelo. La meta es Corea del Sur-Japón 2002, con un equipo competitivo, protagonista, ganador. Lujoso? Quizás cercano a la perfección más que lucido. Eso es lo que quiere, hoy, Marcelo Bielsa. (03/07/00)