Futuro garantizado

por Guillermo Gasparini

Dos acontecimientos casi simultáneos han puesto actualizado el sereno camino de formación de jugadores que siempre, sin apuro, deben desarrollar las conducciones futbolísticas. En el mismo momento que una nueva camada de menores de 20 años se consagran en la región sudamericana, Marcelo Bielsa convocaba a otros 40 jugadores de distintas edades, grupo en el que relucen nada menos que 14 exponentes de distintas selecciones juveniles. Desde siempre los grandes maestros de generaciones de jóvenes, como Ernesto Duchini, Carlos Peucelle o José Pekerman, recalcaron que las selecciones juveniles no traspasan al futuro a equipos completos, y que el mayor compromiso debe establecerse a partir de la formación de nuevas figuras individuales, que puedan ser útiles a cualquier conjunto.

Repasando alineaciones desde 1995 a esta parte – aunque no hay que olvidar que también Verón o Ayala transitaron ese mismo recorrido con anterioridad – uno encuentra nombres ya consagrados y otros en pleno ascenso. Samuel, Sorín, Biagini, el refulgente Ibagaza del Mallorca, salieron del seleccionado campeón del 95. Con sus escalas de torneos sudamericanos y mundiales sub 17 y sub 20, no necesariamente en todos los casos. Aimar, Riquelme, Scaloni, Cambiasso, Placente, son del consagrado en el 97, con el agregado de un Quiroga que se quedó afuera del plantel mundialista a último momento, después de haber sido pieza importante en los sudamericanos. Saviola, Romagnoli, Ponzio, Burdisso, Cetto, Caballero, D´Alessandro, son los campeones del 2001, los más recientes. Como Medina, que fue negado por el Sunderland después de haber aceptado las condiciones de Bielsa.

Y ya el entrenador, como ha hecho en otras ocasiones, suma a los más noveles al grupo de profesionales: el defensor Gonzalo Rodríguez, el volante central Mascherano y el delantero extremo Rivas. Esperando su turno quedan Teves, Cavenaghi, Carrusca, Colace, Pinola, Gutiérrez. Hasta Patricio Pérez, que es menor que el resto. Varios ya tienen en sus alforjas torneos sub 17, sudamericanos y Mundiales. A todos hay que llevarlos despacio, para que maduren y no se descarrilen en la ruta, como muchos otros, en todas las épocas.

Varios de estos nombres que enunciamos ya están afirmados internacionalmente e integraron la selección mayor en un Mundial de mayores. Otros transitan el camino de la consagración europea, aunque no hayan tenido oportunidades grandes en la selección adulta. Hay un grupo que está pisando fuerte en ese campo, algunos ya convertidos en piezas clave de sus equipos. Otros todavía no han podido despegar del mercado interno, aunque sus merecimientos les sirvieron para vestir en variadas ocasiones la casaca albiceleste.

Una evolución sin apuro, formando a cada uno individualmente y como pieza de conjunto, en cualquier escenario. Le llevó un tiempo a Aimar ser en Valencia la misma pieza fundamental que en River. Le está costando a Saviola y Riquelme en Barcelona reencontrar esa unanimidad de juicios laudatorios que recibían en River y Boca. De la misma manera, se va desarrollando D´Alessandro como un enganche habilidoso y equilibrado, después de haber irrumpido hace un año en la primera división. Todavía hay quienes discuten si su puesto es de media punta o volante lateral; pero él se afirma, con el tiempo, como conductor. Algo parecido a lo que le sucede al boquense Tevez, quien aun no explotó en la selección en el mismo nivel que en su equipo. Pero tiene pasta, eso es lo importante. Y por eso es responsabilidad de Tocalli, Bielsa y Bianchi el saber llevarlo, sin prisa. El chiquilín Patricio Pérez tuvo que asumir responsabilidades en Vélez cuando aun se estaba consolidando como jugador. En el sudamericano tuvo más tiempo, lo utilizaron como relevo. Y terminó en un alto nivel, más seguro en sus gambetas, en sus toques y en su capacidad de distribución.

No cualquiera tiene la personalidad de Samuel o Sorín como para hacerse fuerte entre los mayores y reinar con presencia entre los juveniles. La mayoría necesita más tiempo para madurar, y no todos los tiempos son iguales. En el reciente campeón sudamericano, por ejemplo, más allá de los soberbios goles de Cavenaghi, la figura del torneo, se destacaron justamente Rodríguez y Mascherano por la seguridad de movimientos, la categoría de sus desplazamientos. Indice elocuente que están para cosas mayores.

Hace pocos días el entrenador brasileño Carlos Parreira alabó la cantera que advierte en su fútbol interno. Criteriosamente pidió que no dominen las urgencias y que esos chicos deben recorrer la carrera de honores en las categorías juveniles. Pero a dos recientes relevaciones, Robinho y Diego, los liberó de participar en el sudamericano y hasta explicó que "ellos dos pueden saltarse etapas". Ni siquiera Maradona ignoró en su momento el sudamericano y el Mundial de su ciclo formativo.

Argentina ya sabe que por este camino tiene futuro. Los chicos que gustan del fútbol son millones, pocos los que llegan a cumplir sus sueños. En esa criteriosa elección tienen que moverse los conductores. Y la continuidad Peckerman-Tocalli sigue aportando, en ese sentido, su mensaje magistral. (30/enero/2003)


volver al menú principal