El valor de un intento

por Guillermo Gasparini

on el resultado puesto, todos son expertos sobre lo que habría que haber hecho. Es una costumbre argentina, también italiana. A José Pekerman y a su grupo de jugadores los trataron de presionar desde el día que se dio a conocer la lista de mundialista. Con los nombres puestos, les dijeron que tenían que jugar con tres o cuatro defensores, que el DT debía poner a uno o a otro, que tenía que cambiar el sistema de juego elegido, de un partido para el otro. El hombre resistió a su modo, sin levantar la voz. Y, al fin, se sintió conforme con haber recuperado la alegría, la confianza de la gente en su equipo. Más allá de la eliminación por penales. La ilusión se cortó en cuartos de final y no se pudo llegar al podio de los cuatro semifinalistas, el objetivo inicial fijado. Fue una lástima. Pero nadie puede arrepentirse de no haber utilizado a los jugadores acertadamente ni de haber traicionado la esencia del juego, el sentir de una manera argentina de practicar el fútbol. No es poco, indudablemente. Pekerman fue fiel a su trayectoria como entrenador de juveniles y los jugadores respetaron la integridad de grupo, sin sentirse nadie estrella alguna, salvo el presionado chiquilín Messi.

Algunos opinadores entienden el juego de una sola manera: "corazón y pases cortos". Todo lo que salga de este molde es una desviación del juego "a la argentina". No hay táctica que valga, no hay modernidades posicionales, ni siquiera se admite un pelotazo bien colocado. Por eso nunca terminaron de entender a Pekerman: ni atendieron a su discurso ni prestaron atención a las señales. Cuando el entrenador que ahora se va eligió al lungo Cruz como reemplazante natural de Crespo en el centro del área, como referente, estaba clara su idea. Dejó afuera entonces al chiquilín Agüero, nada menos, otro de los "chiquitos tocadores". No había duda. Pensaba en un alto en un equipo que no tenía demasiados hombres de esa estatura en cada área. Pensaba en la famosa pelota parada, un recurso de estos tiempos que utilizan todos los equipos. En el mercado interno y en el Mundial, se llega al gol muchas veces por un cabezazo o un centro. Como le sucedió a argentinos y alemanes en esta instancia definitoria, como le dio éxito a Francia ante Brasil, nada menos.

Se regodearon con "el grupo de la muerte" antes de empezar. Y no entendieron el partido inteligente que planteó Pekerman ante Costa de Marfil, en el debut. Ni comprendieron la entrada del veloz Palacio luego, cuando el partido necesitaba un rápido contragolpe. Se regodearon con Serbia y Montenegro y aceptaron a regañadientes el empate con Holanda (un partido neutro, donde los dos se equilibraron, arriesgado lo menos posible). Se pasó el "grupo de la muerte" con claras intenciones de ganar siempre. Sin especular. Otros subestimaron hasta el trabajo realizado por Riquelme, un jugador que necesita de buenos laderos y es eje, siempre, de la alabada circulación argentina. Elogiado por los extranjeros, no tanto por los compatriotas.

Vino el duro encuentro ante México y siguieron sin tener en cuenta al adversario. No advirtieron las dificultades que el rival puede oponer en cualquier partido. No recordaron que los partidos a veces hay que lucharlos, no jugarlos. No siempre se puede uno mover a sus anchas en el fútbol: los buenos días personales pesan, el acierto o no en cada toque de la pelota determina el cauce de la jugada, todo lo que hace el adversario puede interrumpir el circuito propio. Pero esta Selección, aun en el momento del duro México, siempre intentó jugar. Aunque las cosas no salieran.

Llegó el choque con Alemania. Otro partido bien planteado por el DT. Haciendo circular la pelota para frenar la velocidad del circuito rival. Colocando bien abiertos a dos jugadores como Tevez y Maxi Rodríguez, para pesar en el juego propio y frenar las libres subidas de los dos marcadores laterales alemanes. Esto no lo vieron muchos. ¿Marcar a un contrario? "Si el rival se tiene que ocupar de uno, no al revés...", dicen. Y esa fue una de las claves del partido. Tocando con Riquelme, con Lucho González, con Sorin, y aprovechando la fortaleza de Tevez en el "uno contra uno".

Tampoco vieron que la entrada del peligroso Odonkor fue para frenar las trepadas de Sorin. El rival hace una modificación para cortar un acierto del planteo propio. Vieron como una "traición" el ingreso de Cambiasso por un cansado Riquelme, olvidando que el "Cuchu" otras veces se ha unido al juego colectivo (en sus clubes y en la Selección) y no es un simple interceptador. Siempre es mejor defenderse con la pelota en nuestro poder, pero primero hay que recuperar la pelota. Tampoco entendieron que Pekerman utilizara a Luis González primero o a Maxi Rodríguez después, como sustitutos del hegemónico Riquelme. Tienen más afinidades con él. Más que las que tiene Aimar, a quien promocionaron como el reemplazante "natural" de Riquelme. ¿Qué afinidades tienen ambos compadres en sus estilos? ¿Es lo mismo lo que hace un volante como Román y un veloz media punta como Pablito? Aquellos opinadores no volvieron a entender el partido. Como otras veces. Los prejuicios dominan sus pareceres.

Faltó poder de definición en el momento que más se lo necesitaba. No se encontró la manera de habilitar a Crespo adecuadamente. Ni aun con Messi y Tevez (recordar Holanda) se tuvo precisión en esa materia. Ante Serbia y Montenegro se alcanzó una proporción de eficiencia muy alta. En otros partidos, no. Maxi metió un golazo con su pierna "inhábil" y no pudo convertir ante Alemania con "la hábil". Así es el fútbol, por eso es, ayer, hoy y siempre, "dinámica de lo imprevisto" (como decía Dante Panzeri).

Ahora terminó el Mundial para Argentina. Finalizó el ciclo Pekerman, como ya había terminado el ciclo Bielsa. Más que la decepción, debe privar la reflexión en los juicios. ¿Qué se hizo bien, en dónde hubo errores? Esto es fútbol, no es una ciencia exacta. Valen los intentos, "el camino que se elige para llegar al objetivo, más que el objetivo mismo", como decía Bielsa. Pekerman se tiene que sentir orgulloso de los pasos que comenzó a dar en 1995, hasta llegar a Alemania 06. Los jugadores que lo acompañaron también tienen que sentirse así. Desde Riquelme a Messi. Desde Ayala a Tevez. Y lo importante es que quedó una base para el futuro, heredera de un ciclo positivo. Los que sigan no tendrán que remontar una frustración, como sucedió tras Corea/Japón. Eso es lo que hay que destacar hoy, sin preconceptos. (1/julio/2006)


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