La selección es la prioridad número 1?
por Guillermo Gasparini
Leonardo Tambussi y Pablo Brandán, los defensores juveniles de Racing y Huracán, respectivamente, son las nuevas víctimas de la sinrazón que domina habitualmente al espectro directivo argentino. Los dos jugadores no pueden integrar el seleccionado argentino sub 20 que interviene en el torneo de Ecuador porque sus clubes le han negado el permiso. ¿La causa? Ambos se negaron a firmar su primer contrato profesional en las condiciones que los dirigentes les ofrecían. Para quienes "administran"- es una manera de decir los destinos de esas dos señeras instituciones, la negativa significa una afrenta y, por ello, ni siquiera los dejaron participar en los entrenamientos previos.
Causa gracia reconocer en esos negadores de derechos constitucionales los dirigentes a un magistrado judicial, en el caso de Racing, y a una comisión directiva que maneja una delicada situación de abultado pasivo, en el de Huracán. Ninguno se ha destacado por sus buenas virtudes administrativas, justamente, y por ello las dos instituciones han caído en pozos angustiantes. Los manejadores judiciales de Racing en quiebra, por ejemplo, que legalmente por atravesar esa situación no podían tener déficit operativo mensual y debían sujetar sus gastos estrictamente a los ingresos que se producían, no lo hicieron a lo largo de dos años. Y sin que ninguna autoridad los sancionara por esa inconducta, amparados en la ley de fideicomiso, terminaron entregando la entidad y su quebrado funcionamiento a una empresa que lo "gerenciará" por 10 años, con opciones de extender esa relación a otros 10.
El panorama en Huracán, que atravesó por una convocatoria de acreedores, sin llegar a la quiebra formal, es similar. No fueron las buenas administraciones del capital social y común las que lo llevaron al crítico presente. Todo lo contrario: se repitieron, en años, los presidentes y comisiones directivas que, como en Racing, malgastaron el capital que significan los clubes de fútbol y deterioraron sus propiedades.
No comprendieron, ninguno de los dos, que integrar selecciones nacionales en torneos internacionales capitaliza a los futbolistas. En la medida que sus actuaciones sean auspiciosas, sus pases serán más factibles y por cifras más ventajosas. Y no hablamos aquí del placer que tendrán sus seguidores de apreciar las virtudes de un elemento mejor. Es negocio para los clubes que sus jugadores vistan la casaca albiceleste. Esto vale para los de la selección mayor muchos de los cuales militan ahora en clubes extranjeros y fueron conocidos, mayormente, por estar en el primer equipo nacional y para cualquiera de los juveniles que surgieron en los últimos años: Ibagaza, Biagini, Scaloni, Duscher, Sorín, Placente, Galletti, Samuel, Romero, Juan. Muchos de ellos fueron transferidos con muy pocos partidos en la primera división de sus clubes, su prestigio nació y se consolidó en las selecciones.
José Pekerman, otra vez reencontrado en su función de conductor de juveniles más allá del cargo de manager general de todas las selecciones de la AFA que ostenta está acostumbrado a las negativas de los dirigentes a "cederle" los jugadores. Negativas de dirigentes y muchas veces de entrenadores, por cierto. Suele decir que "estoy preocupado por los problemas que se nos presentan a la hora de armar el plantel. Esperamos que los dirigentes nos apoyen y que los entrenadores entiendan nuestra postura y cedan a sus jugadores. Vestir la camiseta nacional jerarquiza a los chicos, ya sea un sub 20 o un sub 17. Muchos me dicen que a Ecuador no llevamos nombres muy conocidos, pero muchos de los anteriores campeones mundiales ( en 1995 y 1997) tampoco lo eran antes de integrar las selecciones".
En Ecuador, sin ir más lejos, no está Javier Saviola, con edad para integrar el equipo. Quizás esté en el Mundial de junio, si los compromisos de River no condicionan su presencia. Son habituales los faltazos a los entrenamientos de la selección, especialmente cuando los involucrados juegan ya en primera. Los inconvenientes no sólo los plantean los técnicos de la Lazio o de la Roma, por recordar los problemas que tiene Marcelo Bielsa para alinear a sus mejores elementos en cada compromiso. Ya con chicos de 19 ó 20 años se producen estos cortos circuitos entre los intereses partidarios y los de la selección. Son tantos que el mismo Pekerman ya ha anticipado que en Ecuador aprovechará para ir armando el verdadero equipo para el Mundial, porque hasta ahora no pudo repetir una alineación en los pocos encuentros de preparación que se realizaron.
Pero este impedimento para dos seguros titulares, como eran Tambussi y Brandán, es inédito. Los malos dirigentes no solo le quitan a los jóvenes la posibilidad de crecer profesionalmente. Les interrumpen la carrera, en un claro acto inconstitucional, que bien podría ser llevado a los estrados judiciales. Pekerman no acusa, por conveniencia, a nadie en particular; se refiere a los problemas en forma general. Pero no se cansa de repetir que "jugar en la selección crea un compromiso distinto, convence a los propios integrantes de que son los mejores representantes de una generación. Para chicos que recién inician el camino, este es un aliciente muy importante. Tanto para los que integran el plantel que viaja como para los que formaron parte de los entrenamientos y se quedaron transitoriamente afuera. Estos ya conocen la forma de trabajar, también a sus compañeros, y pueden ser llamados en cualquier momento. Para todos ellos es un honor integrar el grupo".
Después, a la hora de los éxitos, son muchos los que se suben al carro victorioso. Es común que todos los argentinos se sienten responsables de un pedacito del triunfo. Suelen decir "ganamos", cuando sólo lo hicieron los que salieron a la cancha y corrieron exitosamente la pelota, con sus correspondientes suplentes y el cuerpo técnico. Después de Ecuador, el mismo juez de Racing y el presidente de Huracán se sentirán argentinos y ganadores. Pero todos debemos recordar que justamente ellos no tienen nada que ver con nada. La situación de Tambussi y Brandán es una mancha que ojalá los persiga por siempre. Y ojalá fuera sancionada por sus pares. Aunque ya es sabido que, en el fútbol argentino, los "hacedores de desastres" (mal llamados administradores), como repite Luis Fabián Artime en cada reportaje, "jamás van presos". Apenas los días en prisión de los ex presidentes de Racing Lalín y Destéfano confirman la regla; aunque su responsabilidad en el descalabro administrativo de la Academia no les impide hablar ahora por todos los medios y de todas las formas, en la hora del gerenciamiento judicial y, flamante, de un grupo empresario. (06/01/01)