Goles en remate permanente

por Guillermo Gasparini

El fútbol argentino interno 2001 se quedó sin los goles de Martín Palermo, un tremendo goleador que entre 1997 y 2000 había convertido nada menos que 87 tantos, superando en ese ciclo de Aperturas y Clausuras casi por el doble a su inmediato perseguidor en ese arte de ser quien más veces llega a la red: Daniel Romeo, quien hizo 46. Por ahora el incipiente calvo delantero de San Lorenzo sigue en el país. Pero para tener idea de cuanto se deberá el aficionado argentino acostumbrar a los nuevos tiempos de crisis, en el receso también se marchó el cuarto en esta hipotética y seguramente caprichosa lista: el colombiano Juan Pablo Angel, quien había marcado 42 goles. El tercero, quizás impensadamente para muchos, fue Claudio Biaggio (43), veterano y a punto de salir también de los primeros planos.

Concretamente, para saber lo que esta política de exportación producirá en el futuro inmediato, basta apuntar otro dato: detrás de esos cuatro y de Marcelo Delgado (38) y el también veterano uruguayo Josemir Lujambio (36), viene Javier Saviola, autor de 34 goles en ese ciclo que, para él, significó el de su irrupción en el fútbol profesional. El 9 de River, sin embargo, veinteañero aun, será casi con seguridad uno de los próximos en emigrar y dudamos que se acerque, al menos, al tope marcado por la tremenda efectividad del ex piloto de Boca Juniors y actual del Villarreal de España. Y Delgado, vale la pena remarcarlo, no es un goleador de raza, que produzca más de 10 goles por campeonato.

Esta referencia estadística pretende destacar la precariedad que en materia de goles sufrirá el ámbito doméstico del airoso líder de las Eliminatorias mundialistas. No estamos hablando de los goles que se fueron – y son imprescindibles para la selección nacional – con Batistuta, Crespo, Sosa, Claudio López, Calderón... Antes que Palermo y Angel se había ido, seis meses atrás, Bruno Marioni, quien sin estar presente en todos los torneos de ese ciclo 97/00, había marcado nada menos que 29 tantos. Que son apenas uno menos que los anotados por Ernesto Farías – otro elemento promisorio, tanto como en sanlorencista Romeo – y varios más que otros jóvenes que ya llevan varias temporadas en el primer plano: Guillermo Barros Schelotto (28), Messera (25), Klimowicz (25), Astudillo (24), Darío Husain (24).

Por entender que el gol es la sal de cualquier espectáculo de fútbol es que un volante ofensivo o un delantero no puede estar por debajo de esa cifra de medio gol por partido – como lo suele recordar Carlos Bianchi, un tremendo goleador en sus épocas de jugador – aun ejecutando penales y tiros libres. Riquelme, en todos estos años, apenas ha marcado 21 conquistas. Y Barijho, el natural reemplazante de Palermo en el ataque boquense, la misma cantidad; aunque hay que reconocer que el ex huracanense jugó muchos menos partidos que los nombrados anteriormente.

El director técnico de la selección, Marcelo Bielsa, también suele recalcar que en el fútbol es más difícil atacar que defender: "Para defender, corremos todos Para atacar debemos crear, y crear requiere otras virtudes". Aunque simple la definición, es concreta y clara. Los partidos necesitan goles. Y en la medida que en la Argentina se sigan exportando goleadores – es una receta esencial para la subsistencia actual de los clubes; todos, hasta los más grandes – más carencias en ese sentido se apreciarán en los encuentros.

Algunos agoreros suelen decir que los delanteros son una raza en extinción en el mundo – o, por lo menos, especialistas que será cada vez más difícil conseguir – y los goleadores, en modo especial. Hacer un goleador lleva tiempo, encontrarlo es una tarea ímproba. Cada día nos cansamos de ver en los partidos a jugadores que no tienen la suficiente tranquilidad para definir o que directamente no sienten el gol con la misma voracidad que un Batistuta o un Crespo. En el último año, entre los jóvenes artilleros, apenas encontramos a Farías (18) y Romeo (17). Y como apariciones prometedoras, apenas se pueden destacar al mismo Saviola (13), al uruguayo Gabriel Forlán (14), al volante sanlorencista Guillermo Franco (13) y al cordobés Luis Rueda (10). Cifras anuales bajas, sin duda, si consideramos que estamos hablando de 38 fechas o partidos.

Incluso en el ciclo 97/00 hallamos en los primeros lugares a un grandote cabeceador pero para nada especialista como Facundo Sava (34 goles), un veterano como el jujeño Mario Lobo (32), otros trotamundos y trotaclubes como Carrario (27), Capria (24), Muller (25), el uruguayo Víctor López (23) o el Chupa López (23). Un caso especial puede ser el del riverplatense sin lugar Cristian Castillo, quien casi sin jugar en todo el 2000 acumuló 26 tantos en esas cuatro temporadas. Y a pesar de su dejadez, está pidiendo un equipo donde desempeñarse más seguido.

Entre escándalos en las tribunas, peleas entre barras y entre barras y policías, adentro y afuera de los estadios, y la pobreza de muchos espectáculos en el terreno de juego, despreciar en el frente interno la alegría que aporta el gol, semeja a un suicidio. Todos están concientes que en la medida que se transfiere a las principales figuras y no queda suficiente recambio, habrá que apelar, casi con desesperación, a los más jóvenes. En la utópica creencia que la cantera inagotable seguirá produciendo resultados, todo el fútbol argentino está descuidando lo que alimenta a la cantera: el público. La permanente actitud de venta es un paliativo para el precario presente de las entidades pero, a largo plazo, quizás se vuelva en contra como un boomerang. (22/01/01).

  


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