El sabor de la decisión
por Guillermo Gasparini
No hay nada más difícil en la tarea de un entrenador que designar con acierto, suerte y precisión un equipo que sale a la cancha. Con un plantel de 11 jugadores la tarea es sencilla, con 16 es complicada, con 23 es compleja y con todos los futbolistas que son connacionales, muchísimo más. Y ése es el trabajo de un seleccionador. Marcelo Bielsa, el hombre que dejó afuera de la lista que participará en el Mundial a Juan Román Riquelme y Javier Saviola, entre muchos otros solicitados por medios y aficionados, el que rescató a Claudio Caniggia de un ostracismo internacional, ahora debe decidir entre dos de los más grandes goleadores del planeta: ¿Batistuta o Crespo?
"Ambos me parecen igualmente efectivos. Ambos son válidos y aunque parezca demasiado simple, una situación tan revisada, es muy difícil de decidir", explica el entrenador, en el summun de la indecisión alegre. Cualquier equipo del mundo se quedaría con uno de ellos más que satisfecho. Y Argentina los tiene a los dos. "Confío en mi intuición. Estoy seguro que cualquier decisión que tome va a ser buena", afirma Bielsa con el gesto más tranquilo que encuentra a mano. No quiere transmitir preocupación, y mucho menos en este trance tan definitivo, a horas del comienzo de la Copa del Mundo.
El que elige lo hace según su gusto. No hay otra alternativa para un elector con personalidad. Si cita a Verón, Aimar y Gallardo para el puesto donde tantos piden a Riquelme, es una conducta segura de Bielsa. Cuando el conductor elige, lo hace pensando que no tendrá que arrepentirse. Aunque el fútbol es un juego y mil circunstancias pueden alterar el resultado. En el 98, cuando a Daniel Passarella le faltaba un jugador para redondear el plantel, casi todos dijeron "Caniggia" y él eligió a "Balbo". Después, Balbo no jugó y Passarella no tuvo ni tiempo de arrepentirse.
A César Menotti se lo sigue cuestionando porque no incluyó al chiquilín Diego Maradona en el plantel del 78. Por supuesto, nadie podía adivinar todo el futuro que tuvo Diego después de ese Mundial, aunque quizás podía preveerse. Carlos Bilardo intentó en el Mundial de 1990 recuperar a un Jorge Valdano que ya estaba retirado de la actividad. Durante meses Valdano hizo un esfuerzo para ponerse a tono con sus compañeros, pero a la hora de la definición, Bilardo dijo que no había sido suficiente. El Valdano semi jugador en ese momento no entendió las razones del entrenador, aunque después se convirtió él mismo en entrenador y quizás intimamemente haya interpretado a Bilardo.
En ese mismo Mundial el DT quiso inaugurar el estilo de los carrileros ofensivos, al practicar con Balbo de marcador lateral. No se animó a ponerlo en práctica, "me faltó tiempo para entrenar", explicó. También quiso probar con Burruchaga de líbero, detrás de los stoppers, aunque para esta modificación tuvo dos argumentos en contra: la liviandad del volante para cuando el equipo fuera atacado, y la ausencia de un motorcito en el medio campo que reemplazara al Burruchaga conocido. Decisiones, que un entrenador tiene que tomar y, especialmente en un Mundial, cuando no tiene tiempo de desquite. Si acertó, lo vivarán. Si no acertó, lo criticarán.
Si la tarea del seleccionador tiene estas complejidades, a diario se observan el mismo tipo de dificultades en un entrenador de club. Desde que pone a los jugadores en la cancha o hasta cuando hace los cambios durante el partido. Tabárez en Boca y Ramón Díaz en River, en los últimos tiempos, tuvieron que dejar afuera de un partido a Riquelme y a Ortega, respectivamente. Prefirieron guardar a sus estrellas para instancias más definitorias, ganándose la reprobación de los mismos jugadores y de una parte del público. Sólo ellos saben, con seguridad aproximada, en que estado está cada integrante de su plantel. "Ustedes los periodistas no saben si un jugador pasó una mala noche por un dolor de muelas o si porque entrenó poco tiene aire para un solo tiempo de juego. Eso lo sabemos los entrenadores, pero no lo vamos a estar publicitando por allí", solía contar Carlos Bianchi. "En el plantel tenía a un jugador diabético, a otro que no puede realizar dos piques seguidos por deficiencias crónicas de oxigenación y a otro con una lesión en la rodilla mal curada. Yo no puedo estar contando estas intimidades, ni puedo estar explicándole a cada hincha como es la situación. Me juego y basta, que salga lo que Dios quiera", contaba Carlos Griguol hace poco.
Bielsa tiene que elegir entre dos fenómenos del gol pensando en el debut ante Nigeria. Y también entre los tres arqueros Cavallero, Burgos y Bonano a los que ve en muy parejo nivel. Está confiado en su intuición y su trabajo. 37 millones de argentinos esperan que no se equivoque. En ese nivel, además, no elegirá "al menos malo", justamente. Elegirá a "un grande, aquí y en cualquier lado". Esa es la fortuna que tiene el entrenador argentino y que tantos colegas le envidian en el mundo. (26/mayo/2002)