La ilusión de San Lorenzo
por Guillermo Gasparini
De año en año, San Lorenzo renueva su ilusión de volver a ser campeón. Con dos torneos por temporada, se repiten las posibilidades, porque San Lorenzo siempre está en el lote de los punteros (su promedio es solamente superado por Boca y River, los habituales campeones, lo que indica la regularidad del posicionamiento como tercero en el hipotético podio). Pero, por alguna razón, San Lorenzo se ha ido cayendo sistemáticamente de cada una de esas definiciones bianuales, y ha provocado, casi siempre, un desánimo frustrante en sus hinchas, dirigentes y jugadores. Hoy, a comienzos de abril, el popular conjunto azulgrana otra vez se ha puesto a tiro del liderazgo está a dos puntos de River, cuando falta casi medio campeonato por disputarse y, revitalizado por dos convincentes actuaciones ante Colón (local) y Rosario (visitante), vuelve a soñar.
A cada sanlorencista lo persigue, sin embargo, el maleficio vigente en los más recientes torneos. Cada vez que se acercó el momento de la definición, el equipo ha perdido con rivales poderosos, como River, o con rivales débiles, como Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Pero la realidad se ha repetido como una constante: a dos o tres fechas del final, San Lorenzo pierde; generalmente, en su cancha, cuando menos lo esperan. Cambian los entrenadores, se renueva el plantel de jugadores, son transferidos o pasados a retiro los jugadores emblemáticos y, por ende, los más culpados por los fracasos y la ilusión, como ésta de comienzos del 2001, vuelve a renacer. Esperando que la actual sea la vencida, la que quiebre esa sensación angustiante.
Aunque los aficionados de Racing creen ser los poseedores de la mayor cuota de sufrimiento del fútbol argentino, los de San Lorenzo también vivieron vicisitudes dolorosas, y por mucho tiempo. Orgullosos desde comienzos del profesionalismo de su inolvidable estadio de madera, denominado el Gasómetro, escenario de grandes espectáculos y tardes y noches gloriosas, lo perdieron en la década del 80. Debido a las deudas, los dirigentes le vendieron el tradicional lugar de Boedo a una empresa hipermercadista. San Lorenzo se quedó, de pronto, sin cancha. Debió deambular por terrenos ajenos durante años, hasta que comenzaron, poco a poco, a edificar un nuevo escenario, en un ámbito menos grato: frente a una populosa villa miseria. Fueron inaugurando tribunas, hasta que el cuadrado estuvo completo. Y a mediatos de los 90, volvieron a tener su estadio. Que, por lógica, se llamó Nuevo Gasómetro, aunque ya no lo rodearan los depósitos característicos de esa sustancia, como antes.
Allí tornaron a dar la clásica vuelta olímpica aunque la consagración fue de visitante, en Rosario cuando en 1996 volvieron a disfrutar de las mieles de un título profesional. Algo que no festejaban desde 1974. Con un agregado: en esa espera de 22 años, allá por 1982 tuvieron que pasar por la dolorosa experiencia de competir una temporada en la división de ascenso. Transcurrió un período largo sin conquistas superior al que tuvo que sobrellevar otro grande como River, por ejemplo, desde 1957 a 1975 pero la pasión azulgrana del hincha nunca decayó. Como corresponde a clubes de esta trayectoria y tradición.
San Lorenzo, cabe recordarlo, fue grande desde los mismos comienzos del profesionalismo en la Argentina, cuando su caudal de socios y parciales apenas era superado por River. Y a ese empuje de la década del 30 se le sumó luego el aporte de la colectividad española en los 40, cuando al equipo se incorporó el artillero vasco Isidro Lángara. El crecimiento de San Lorenzo, institución eminentemente popular, se consolidó con el gran equipo de 1946, de Farro, Pontoni y Martino, que además de ganar en el país dictó cátedra en Europa con una gira victoriosa que aun se recuerda por esas tierras.
San Lorenzo, con su gente, era capaz de llenar cualquier cancha. Sin embargo, como un sino que no le daba tregua a su pasión, tuvo que acostumbrarse a festejar un título exactamente cada 13 años: en 1933, en 1946 y en 1959. Hasta que en 1968, con el mítico conjunto de los Matadores Veglio, Fischer, Albrecht rompió esa secuencia. Y repitió en 1972, cuando se convirtió en el primer equipo que conquistó los dos torneos anuales, el Metropolitano y el Nacional. Cuando en 1974 repitieron el campeonato ahora con los inolvidables Héctor Scotta y Ortíz jamás pensaron que deberían esperar tanto para volver a gritar ¡campeón! Pero la realidad les marcó con rigor su complicado tránsito futuro.
Ahora, entonces, con una situación general que no es de las mejores, vuelve a ilusionarse. Muchos integrantes del plantel están peleados entre sí, la actual directiva que controla al club desde hace casi 15 años y es responsable de la construcción del nuevo estadio por primera vez debe enfrentar a un grupo opositor consolidado. Bajo la inédita dirección técnica de un chileno Pellegrini trata de alcanzar lo que no se logró con la conducción de Basile y Ruggeri, los que lo precedieron en el cargo. Con muchos jugadores jóvenes de buenas aptitudes Romagnoli, Estévez, Erviti, Saja, Santana ,algunos refuerzos llegados de afuera que se asentaron como Romeo, Ameli, Serrizuela, Coloccini y Campagnuolo , afortunados regresados Leo Rodríguez y Abreu y algunos sobrevivientes de antiguas batallas Tuzzio, Paredes, Michelini . Casi todos con hambre de gloria y cansados de fracasos. Muchos sabiendo que en junio vencen sus contratos o sus préstamos y, como no hay dinero fresco, deberán marcharse (Tuzzio, Abreu, Rivarola, Quinteros, quizás Coloccini).
Es San Lorenzo que, una vez más, está de pie. Que quiere un lugar entre los mejores. En estos tiempos en los que las hinchadas reclaman su derecho a exigir, un título de campeón lo quieren y merecen todos. Los aficionados y los jugadores, los oficialistas y los opositores. Los viejos hinchas que vieron a Pontoni o a Sanfilippo y los más nuevos, que apenas recuerdan a Gorosito. Todo San Lorenzo sabe que su derecho a ilusionarse no puede ser discutido. Lo que esta vez intentarán es, como ayer, no quedarse en el camino sin luchar. Los fantasmas del viejo Gasómetro empujan con ellos. (12/04/01)