Una segunda oportunidad

por Guillermo Gasparini

Todo indica que no habrá escollos institucionales para que Alfio Basile deje a Boca y comience su segundo ciclo al frente de la selección argentina. No fue sólo a Julio Grondona, presidente eterno de la AFA, a quien le quedó una sensación de vacío inexplicable cuando se le cerró el camino anterior al entrenador, en aquellos octavos de final del Mundial de 1994, tras la convulsión que se desató dentro del plantel argentino con posterioridad al segundo dóping positivo de Diego Maradona. Siempre a muchos les quedó ese mismo sentimiento de frustración, porque estaban convencidos que esa vez, más que en otras, el equipo argentino tenía serias posibilidades de llegar al título mundial que se le niega desde 1986. Sensación que compartían Grondona, Basile y muchos comunicadores que aun hasta hoy miden a los seleccionados albicelestes con la vara de este conjunto supuestamente ideal.

De ese período que va del 91 al 94 quedaron las últimas dos copas Américas, otros trofeos como la vieja copa Rey Fahd – predecesora de la actual Copa de las Confederaciones – , la copa Artemio Franchi y una de las tantas copas Kirin que se disputan en Japón. A partir de entonces otras selecciones mayores sólo acumularon decepciones, apenas alteradas por la conquista de los Juegos Olímpicos 2004. De allí la idealización del ciclo Basile. También ayudó a fomentar esta imagen la serie de 31 partidos invictos, una marca excepcional para cualquier seleccionado. Claro que, además de estos éxitos, el período comentado incluyó también una de las derrotas más catastróficas de la historia, ante Colombia, en el propio Monumental riverplatense. Cara y cruz de una misma moneda.

Justamente en ese ciclo se cometieron disparates en los torneos juveniles (en los que participaron un dirigente amigo de Basile, que pateó la puerta de un árbitro, y el hoy adorado Merlo por los racinguistas, otra gran amistad personal del ronco entrenador). A partir de entonces, vale recordarlo, la AFA decidió encarar otro camino, con la impronta de José Pekerman, el seleccionador que ahora reemplazará Basile.

El "Coco" está identificado con un fútbol ofensivo, recostado en las individualidades de los jugadores. Ahora mismo declara que "cuando conozcan los nombres que citaré adivinarán cómo jugará el equipo". Dice que él arma sus conjuntos de atrás para adelante, como marcan los manuales, pero que toma algunos riesgos en la retaguardia, en pos de mayor efectividad ofensiva. Con Palermo, Bilos y Díaz, demostró en su último año en Boca que no desdeña de las famosas jugadas de pelota parada, algo que desprecian los muy clásicos. Ya durante el último Mundial dejó traslucir que le gustaban los jugadores como Messi y despotricó sin miramientos contra el juego mezquino y receloso de todas las selecciones. Basile se formó al lado de César Menotti y después recorrió un camino propio. Y no torció casi nunca la línea elegida. Eses es su gran mérito.

En la selección, donde se puede elegir a los jugadores con mayor variedad que en un equipo de club, utilizó a los mejores. En el anterior ciclo el conjunto de Basile se consolidó con la maduración plena de jugadores jóvenes como Batistuta, Simeone, Redondo, Darío Franco, Caniggia, Sergio Vázquez y Jorge Borelli, además de sumar al más veterano Ruggeri. Casi siempre jugó con Goycochea al arco, pero al llegar al final, el Mundial, se volcó por Islas. El 0-5 ante Colombia le alteró los lineamientos y entre los cambios obligados y sin convicción que debió realizar, pudo recuperar a un casi retirado Maradona. Lo que provocó, en ese lapso, que el equipo fuera aun más ofensivo que en toda la etapa previa.

Realizó muchas pruebas. Y eso se puede apreciar repasando la lista de los jugadores que empleó. Un lateral como Fabián Basualdo lo acompañó mucho tiempo. En el medio, antes de Redondo, se lucieron Astrada y Villarreal. Pero cuando tuvo que entrar Giunta, entró. No siente apego por el mentado equilibrio que destacan otros entrenadores. Por eso terminó jugando, con Maradona en cancha, con apenas dos medios, Simeone y Redondo. Pero en el último encuentro, ante los rumanos, improvisó una marca personal de José Basualdo sobre Hagi, que no dio gran resultado.

Como conductor, Basile no alcanzó a ver, en su momento, cierto desinfle del equipo en la segunda copa América, cuando superó dos etapas por penales. Y ese tobogán desembocó en las dos inobjetables caídas en las Eliminatorias. Hubo un renacimiento en el Mundial – después de los famosos 40 días juntos y unos vuelos increíbles por lo desorganizados, antes – y la cuestión se frustró en plena competencia, en lo que es historia conocida. Vale remarcar que aun el dóping de Maradona es responsabilidad del entrenador: ¿Quién lo controlaba?

Balancear los hechos positivos con los negativos tiene un sentido: el de repetir los buenos pasos (aunque ahora no estén más en el campo Batistuta o Maradona) y no cometer iguales equivocaciones. La orientación de un conductor no debe ser solo voluntarista, como algunos creen que está en el ideario del Coco Basile. Menotti, aunque no compartía el planteo de Bielsa, recordaba que al menos "la cocina está en la cocina, el baño en el baño y el comedor en el comedor". En el pasado Mundial, muchos le reclamaron a Pekerman mayor audacia, porque insistió con Crespo y Cruz y no se jugó enteramente por Messi y Tevez. Passarella, otro de experiencia mundialista, recordaba en los análisis previos que había que pensar en jugadores altos y que sepan cabecear, en estos tiempos de tanto centro rival al corazón del área. Bilardo, por fin, auguró que el de Alemania iba a ser "el Mundial de la pelota parada" y no se equivocó. En todo esto debe pensar Basile en esta segunda etapa. Teniendo en cuenta que el tiempo no pasa en vano. (23/julio/2006).


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