Futbol Argentino On Line/ Guillermo Gasparini

El rey de los unos

Por Guillermo Gasparini

Durante mucho tiempo a la función de los arqueros la llamaban " el puesto de los bobos". Eran los condenados a recibir las cachetadas, los gritos en contra de la multitud, los goles. José Luis Chilavert, un paraguayo altivo, peleador y sin duda genial para este deporte llamado fútbol, fue el revolucionario que cambió el destino. Y que provocó que ahora, en el mundo, se hable de un antes y un después de él.

Con 31 goles oficiales marcados al 30 de noviembre de 1999, Chilavert impuso un sello a la posición. Desde que convirtió su primer penal, su primer tiro libre, desde aquella lejana vez inicial que abandonó su posición para cruzarse hasta el otro arco para rematar una falta, le señaló un camino a sus contemporáneos y a todos los que vinieron después. Si el fútbol hasta él era un juego de 10 hombres de campo y un arquero, a partir de Chilavert se convirtió en un desafío de "11 contra 11". Donde el mismo que había sido burlado minutos antes por un goleador de cabezazo implacable, podía establecer su revancha inmediata con un zapatazo demoledor. Nadie podrá, ahora, sufrir ese síndrome de inactividad que reconoció el arquero alemán Schumacher en la final del mundo de 1986, cuando el primer gol de Argentina. Esa vez, Schumacher dijo que salió mal y a la desesperada de su arco, agobiado por los 15 tensos minutos de espera para poder intervenir. La soledad del arquero, un karma hasta entonces inapelable, le costó un gol a su equipo.

Chilavert, desde aquel primer penal que convirtió para su selección nacional el 2 de agosto de 1989, no dejó de derribar marcas históricas. La última, el 28 de noviembre de 1999, cuando señaló 3 goles, de penal, ante Ferro Carril Oeste. Un mérito de un shoteador excepcional, que concretó la hazaña el mismo año en el que el delantero Martín Palermo pasó a la historia por despilfarrar 3 penales en un partido, cuando jugaron las selecciones de Argentina y Colombia.

El puesto de arquero ha tenido héroes incomparables. En la Argentina, desde la maestría de Amadeo Carrizo, impulsando la pelota con el pie con mayor precisión que muchos delanteros y saliendo de su valla para cortar avances. Y la continuidad impuesta por Hugo Gatti, gambeteando y animándose a cruzar con la pelota en sus pies hasta más allá de la mitad de la cancha. En el mundo, los nombres del mexicano Jorge Campos, habituado incluso a jugar de delantero, y del colombiano René Higuita, también preciso para convertir tiros libres, dejaron su huella e impusieron sus estilos..

Pero Chilavert, tan elástico en el arco como un Ubaldo Fillol o un Lev Yashin, fue siempre más lejos. De sus 31 goles oficiales, 24 los marcó de penal, 2 de rebote de penal, y 7 de tiro libre. Siempre con una precisión temible y una potencia demoledora. También marcó goles en partidos de copa Libertadores, Supercopa y hasta en las Eliminatorias para el campeonato mundial. Un de sus tantos, el que le marcó al argentino Burgos, lo anotó desde la mitad de la cancha, nada menos. Después de él, aparecieron los arqueros que van a cabecear en el área contraria, los que se animaron a rematar penales, los que pretenden ser protagonistas. Ninguno fue tan contundente como el fenómeno paraguayo, capaz de convertirse con sus pelotazos de un área a la otra, en el primer argumento ofensivo de su equipo, Vélez Sarsfield.

El arquero ahora tiene que saber jugar en cualquier lugar de la cancha. Los cambios reglamentarios, incluso, acentuaron el uso de esa cualidad. A diario vemos en partidos internacionales que hay bobos que siguen siendo bobos, por no saber pasar una pelota o devolver con clase un pase de sus propios compañeros. Hoy es imperdonable que no sepan resolver una situación con la misma solvencia que lo hacen con las manos. Ahora no basta con saber atajar.

Y ya Chilavert no sólo es el mejor arquero del mundo en la actualidad. Así como desde Carrizo, Gatti, Campos o Higuita ningún arquero volvió a ser igual a aquellos estáticos cancerberos del arco, conformes con volar de palo a palo, a partir del paraguayo todos saben que el puesto no es más el de los sonsos. Chilavert ya está en la gran historia. Y promete seguir escribiendo más páginas brillantes. Para sorpresa y regocijo del mundo futbolístico universal. (04/12/99)


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