Fútbol Argentino on line/ Guillermo Gasparini

Los DT se van por la ventana

por Guillermo Gasparini

Finalmente, antes que llegáramos al comienzo de las Eliminatorias mundialistas, dos entrenadores entre las 10 sudamericanas dejaron de serlo: Héctor Veira de la selección de Bolivia y Javier Alvarez de la de Colombia. Un argentino y un colombiano. Fueron reemplazados por el boliviano Carlos Aragonés y el colombiano Luis García. Ninguno de los dos con cartel internacional que les permita trascender más allá de sus territorios. Si hace unos meses los nombramientos de sus antecesores respondían a proyectos a largo plazo, la realidad del preolímpico les dio un cachetazo rudo a ambos. Y a los proyectos de sus respectivas federaciones. Esto no es barajar y dar de nuevo, se trata de estirar simplemente el billete hasta fin de mes, sin otra pretensión. Hasta cuándo durarán Aragonés y García? Cuándo conoceremos los nombres de sus sustitutos?

Veira fue echado porque el equipo ganó apenas dos partidos en muchos meses. Bolivia no es una selección acostumbrada a ganar. Pero la pobre actuación en Brasil colmó la paciencia de los directivos, periodistas y empleados del contralor impositivo. Llovieron las críticas y Veira ni siquiera pisó una vez más La Paz. Regresó a Buenos Aires directamente.

Alvarez, heredero natural de los anteriores conductores de la selección, pagó caro precio por el 9/0 que le propinó el campeón, Brasil, y que le costó la clasificación a los colombianos. Antes de ese partido, jugadores y técnico eran héroes, porque acompañarían a Brasil en la rueda final. La goleada en contra, con elementos sub 23, les hizo recordar a los colombianos que ese sueño que les nació con toda justicia después del 5/0 sobre Argentina en las eliminatorias mundialistas de 1993, ya terminó. Y que hay que esperar la hora del recambio generacional. Tendrán que aparecer los reemplazantes de Valderrama, Valencia, Asprilla, Rincón - aunque algunos de estos todavía lucen - para que Colombia ratifique su lugar en el fútbol sudamericano y mundial. Como en el caso de Bolivia, Colombia tampoco nunca ganó nada importante.

Las urgencias en los equipos parecen ser cada día mayores. Así como menor es la paciencia. La competencia por las plazas disponibles para la WC 2002 recién comenzará a fines de marzo, pero ya vuelan cabezas. Qué pasará cuando empiecen a aparecer los lógicos resultados ante Brasil, Argentina, Uruguay, Chile o Paraguay? Luxemburgo, Bielsa, Passarella, Acosta o Markarián vivirán las mismas angustias? Qué será del futuro de Pastoriza en Venezuela o Lozano en Ecuador?

Y esto que pasa a nivel de selecciones es aun más caliente en los clubes. El Betis de España ha despedido, después de sólo una rueda de liga, al argentino Carlos Griguol. Y el Espanyol al también argentino Miguel Brindisi, apenas 10 días después que el propio técnico ofreciera su dimisión. Ninguno de los dos equipos tiene pretensiones de salir campeón y están más acostumbrados a los fracasos que a los éxitos. Aunque gastan millonadas en contrataciones, suelen estar de mitad de tabla para abajo. Como Mallorca, Sevilla y tantos otros de escasa paciencia. Qué tendrían que hacer los directivos del Real Madrid, por ejemplo? Echar a un entrenador cada 15 días?

En el caso español alguien analizó el tema de esta forma: "Los jugadores estrella ganan 90 mil dólares por mes y tienen contratos por 5 años... No tienen deseos de entrenarse ni de aprender jugadas nuevas. Les basta con lo que traen. Y así les va..."

Carlos Bianchi y César Menotti también hicieron en años recientes experiencias en equipos italianos. Y duraron también muy poco. Recuerdo que Bianchi pretendía promocionar a chicos de la cantera Primavera, como sucede habitualmente en los equipos sudamericanos, y le respondían: "No, aquí eso no es necesario. El espectáculo no puede esperar. El negocio está en comprar jugadores ya hechos, extranjeros". Las urgencias hicieron que Bianchi se despidiera de la Roma para salir campeón con Boca en la Argentina y que Menotti, después de la Sampdoria, regresara sin suerte a languidecer con Independiente.

Hace un tiempo algunos entrenadores eran convocados para armar proyectos duraderos. Como el de Van Gall en Barcelona. Pero la mayoría cree en los milagros y paga contratos millonarios para deshacerlos ni bien los vientos soplan en contra. Los técnicos son los dioses modernos, ganan más dinero que los propios jugadores, pero cada día son fusibles de menor duración. Vuelven al punto de partida, como decía Angel Labruna: "En mi tiempo, si el equipo perdía, todos se daban vuelta hacia el palco de honor e insultaban a los directivos. Por eso inventaron eso del director técnico, para que los insultos se los lleve uno solo y todo siga igual".

Algunos creen que algo está cambiando al voltear con tanta facilidad a los entrenadores. Otros suponen que el negocio está perdiendo seriedad y que, más tarde o más temprano, volverán a rodar las cabezas de los directivos. Todos deben saber, sin embargo, que el juego sigue siendo el mismo: los que salen a la cancha y ganan o pierden los partidos son los jugadores. Los DT y los dirigentes, al igual que los simpatizantes, lo miran desde afuera. Aunque los primeros pueden organizar las voluntades e impulsar las voluntades. Por encima de todo, hay que saber que los milagros no se dan todos los días. Hay días milagrosos de vez en cuando, pero la mayoría son días de los más comunes...(05/02/00)


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