Cambiar, pero con viento en contra

por Guillermo Gasparini

La búsqueda del triunfo en esta época moderna desestima por momentos el buen gusto por el juego. Ganar es la primera prioridad, dejando para después el agradar. En países netamente futbolísticos como la Argentina, sin embargo, la exigencia es muy alta de lograr los tres universales objetivos: ganar, gustar y golear. En este camino que se ha empezado a recorrer en las eliminatorias para llegar a Alemania 2006, la selección albiceleste, con el mismo conductor del ciclo pasado que culminó en Corea/Japón 2002, carga sobre sus alforjas con pesadas herencias:

  1. La eliminación en primera rueda del Mundial pasado significó un fracaso para el eufórico público y también para jugadores y entrenador, que confiaban en hacer un victorioso papel que los llevara a la gloria.
  2. La selección no puede concretar ninguna conquista desde la copa América 1993. Y particularmente desde 1995, está en ella un grupo de jugadores (varios de ellos superando los 40 partidos internacionales) que no saben lo que es festejar un título de envergadura, más allá de las dos eliminatorias completas ganadas y el subcampeonato olímpico de 1996.
  3. El entrenador Marcelo Bielsa, más allá de gustos y preferencias particulares, no tiene buena imagen entre aficionados y comunicadores. Y pocos comprendieron el sentido de ratificarlo en el puesto después del fracaso.

Por eso, de entrada, el propio entrenador anticipó que éste no sería un proceso igual al anterior ("es imposible repetir un desempeño como el ése", dijo) y que la competencia con el resto de los equipos sudamericanos sería complicada y difícil. Los mismos jugadores experimentados como Crespo y Verón, más de una vez han comentado que este equipo es diferente a los anteriores, tiene muchas caras nuevas y está en formación.

Cumplidas ya las primeras 4 primeras etapas del torneo que recién culminará en 2005, es posible realizar un balance, pensando, además, que la competencia no se reanudará hasta fines de marzo. Efectivamente, la selección está inmersa en un proceso de cambios evidente. Habría que ver si esto se produce por convencimiento de Bielsa o se trata de acomodarse a las circunstancias. El equipo ya no es tan vertical y europeo en su accionar, el estilo que en la eliminatoria anterior le había permitido arrasar con casi todos sus adversarios. Ahora el juego es más pausado, horizontal, y además de dejar de ser vertiginoso, pareciera dosificar mucho más sus apetencias ofensivas. Busca otro equilibrio.

¿Esto es producto de la saturación futbolística de algunos de sus hombres clave? Podría ser. Más allá de que mantienen su titularidad en equipos de clubes mundialmente importantes, los años pasan para Verón, Zanetti, Cristian González, Almeyda y algún otro. Quizás los picos de sus carreras hayan pasado. Y así como por distintos motivos ya no están Batistuta, Simeone, Vivas y Ortega, es difícil creer que varios de los nombrados podrán llegar en alto nivel a la cita de junio de 2006, casi dentro de dos años y medio.

Por lo tanto, es natural que la selección esté modificándose. En nombres, aparecen más seguido Aimar, D’Alessandro, Saviola, César Delgado, Quiroga, Placente, Cambiasso, Solari, Galletti. Es bueno tenerlo en cuenta, no sólo lo hacen en los partidos sino en las convocatorias, que es para eso que se llama a 22 jugadores cada vez. En tácticas, hay otro funcionamiento, de acuerdo a estos nuevos apellidos y al rendimiento de los viejos apellidos. Todos los entrenadores del mundo – y esto quedó al menos bien expresado en el congreso de directores técnicos que se realizó recientemente en Buenos Aires, a través de exposiciones de figuras como Alfredo Di Stéfano, César Menotti, Carlos Bilardo, Alfio Basile, Oscar Tabarez y Manuel Pellegrini – tratan de subordinar la táctica a los jugadores con los que se cuenta. Aun un personaje tan dogmático como pareciera ser Bielsa, debe respetar esa premisa. Lo quiera o no.

Como consecuencia de estos cambios, Argentina no tiene 12 puntos (4 triunfos) como en las eliminatorias pasadas, a esta misma altura. Ahora perdió 4 unidades en la comparación, producto de dos empates, uno como local y otro como visitante. Además de ello, Bielsa sorprendió a más de uno ante Colombia al rearmar una línea defensiva de 4, apartándose de su esquema favorito de 3. Demostrando que él también puede tomar precauciones adicionales, sabiendo que los colombianos, por más que estuvieran evidenciando rendimientos flojos, son capaces de complicar, porque tienen buenos jugadores, individualmente considerados. Para llevar a cabo esta modificación, había que sacar a alguien. Y como optó por D’Alessandro, le llovieron las críticas. Con 12 jugadores no se puede jugar. Y si había que frenar la posible sed de recuperación colombiana, no podía sacar ni a Almeyda ni al Kili González, ni a Placente. Jugar con D’Alessandro, Aimar, Saviola y Verón juntos puede ser un sueño, pero también hay que recuperar la pelota.

Cualquier entrenador, desde Pekerman a Bilardo, cambia elementos de un partido a otro, en función de los riesgos que pueda presentarle el oponente ocasional. El fútbol no es una cuestión de simple voluntarismo y no gana quien quiere sino quien puede. El mismo poderoso Brasil campeón del mundo debió resignar dos empates en sus últimos compromisos. Y aun el actual líder, Paraguay, volvió de Perú con 4 goles en contra en la fecha inicial, y se trajo un triunfo del Estadio Nacional de Santiago casi sin pisar el área adversaria en todo el segundo tiempo.

Por cierto que no hay que conformarse con los problemas ajenos y hay que saber mirar hacia adentro. Argentina, entonces, en estos 4 partidos, cumplió con el triunfalismo a medias, aunque se mantiene invicta. Jugó con tres de los rivales más flojos del subcontinente y visitó a un adversario poderoso pero en retroceso. Los compromisos más severos comenzarán a verse de marzo en adelante. Lo mejor en este lapso fueron los 60 minutos iniciales ante Chile (aunque el rival llegó afortunadamente al empate) y los 10 ó 12 ante Bolivia (cuando se definió la goleada). Fue lo más cercano al "gustar" de la exigencia mayoritaria. En Venezuela se cumplió un paso reglamentario y en Colombia se "trabajó" el partido, sin lucimiento. Como producto de un período de cambios, como pregonan los futbolistas y el entrenador, no es mucho pero tampoco es magro el balance.

Transitando la renovación, Bielsa tiene por delante, desde enero, un torneo sub 23 Preolímpico, en Chile, y una copa América en Perú. Aparecerán más nombres, como los de Battaglia, los dos Milito, Luis y Mariano González, Tevez (si él quiere y puede resolver esta enojosa situación que lo envuelve) y algunos de los chicos que fueron a los Emiratos Arabes con el sub 20. Seguramente el hermético técnico aprovechará cada acontecimiento y, para bien de su futuro, ojalá pueda sumar algún título. Aunque ya se sabe que dependerá de las circunstancias, no sólo de las ambiciones.

El aficionado le seguirá teniendo poca paciencia y los críticos continuarán bombardeándolo ante cada decisión. Es la ley del juego y, como decimos al principio, la herencia que carga este grupo es muy pesada como para que se revierta la situación en poco tiempo. Que ninguna pierda el objetivo – ni el entrenador, que debe planificar, ni los futbolistas, que deben jugar – será la premisa a respetar. Todavía, al menos para nosotros, hay saldo a favor en la cuenta. (20/noviembre/2003).


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